RUSIA

República de Europa y Asia que hasta diciembre de 1991 formó parte de la URSS con el nombre de República Federativa Socialista Soviética Rusa (RFSSR). Ahora es conocida como Comunidad de Estados Independientes (CEI)
    
Límita al Norte con el océano Glaciar Artico; al Este con el océano Pacífico; al Sur con China, Mongolia, Kazajstán, el mar Caspio, Azerbaiyán Georgia y el mar Negro, y al Oeste con Ucrania Bielorrusia, Polonia, Letonia, Estonia, mar Báltico, Finlandia y Noruega.

Tras la desaparición de la URSS, CEI sigue siendo el Estado de mayor extensión del mundo. Entre sus fronteras occidentales (europeas) y el río Yenisei, en Siberia, se extiende una gran llanura cortada por grandes ríos y dividida en dos partes por los Urales. Esta es una cordillera. La Rusia europea forma parte de la llanura germánica o centroeuropea. Su máxima elevación es la meseta de Valdai, que se eleva hasta los 350 m. sobre el nivel del mar, y en la que nacen varios ríos. En el SO alteran su suelo los Cárpatos checoslovacos, aunque sólo por breve trecho. El clima es extremado y lo es tanto más a medida que se avanza hacia el norte. Ríos más importantes son:Volga, Ural, Dniéster, Dniéper, Don, Neva y Diuna.

Durante siglos el mundo no ha sabido qué pensar de Rusia, descrita indistintamente como un país de inmensas riquezas o de indescriptible pobreza, de crueles tiranos o de mentes excelsas, de generosa hospitalidad o de pesada burocracia, de hermosos ballets o de monstruosidades industriales, de piedad religiosa o de desbocado hedonismo; todas ellas eternas verdades que coexisten con paisajes igualmente variados de tundra helada y playas soleadas, densos bosques de abedules y pinos, y profundos y misteriosos lagos, montañas nevadas y ondulantes praderas, las famosas estepas. Si a ello se le añaden antiguas fortalezas, palacios lujosos, elegantes iglesias y pueblos de madera perdidos en el tiempo, empieza a hacerse evidente que se trata de un país increíble.

Para aprovechar al máximo el viaje, conviene abandonar las rutas más convencionales. Tras visitar viejos favoritos como la dinámica Moscú, la histórica San Petersburgo y el hermoso lago Baikal, lo mejor es adentrarse mucho más en el país más grande del mundo. Visitar, por ejemplo, las suaves y doradas arenas del antiguo rincón prusiano de Kranz, hoy Zelenogradsk, en el extremo oeste de la región de Kaliningrado; el encantador pueblo de Gorodets, a orillas del Volga, con su arte popular y sus dulces de miel; la fascinante Elista, la única población exclusivamente budista de Europa y sede de la insólita Ciudad del Ajedrez; los mausoleos de 400 años de antigüedad de Dargavs, la “ciudad de los muertos” de Osetia del Norte; o las fuentes termales del valle Nalychevo en Kamchatka, en el Extremo Oriente ruso.

Por sus enormes distancias geográficas y diferencias culturales, no resulta fácil acotar los puntos de interés principales. El Extremo Oriente ruso, por ejemplo, tiene el tamaño de Europa. Por lo que es más sensato abordar Rusia como un conjunto de países, merecedores cada uno de una exploración por separado. En lugar de pasar por Moscú, también se puede aterrizar directamente en una capital regional como Irkutsk, para unas vacaciones en Siberia oriental, o en Yekaterinburgo, al pie de los Urales.

Los interesados especialmente en la cultura y la arquitectura deberían limitarse a la Rusia europea, es decir, todo el territorio al este de los Urales, y dejar Siberia y el Extremo Oriente para quienes estén dispuestos a renunciar a las comodidades y quieran experimentar los grandes espacios rusos. Otra forma de conseguir acelerar la adrenalina son las estaciones de esquí y los ríos propicios para el rafting. También se puede contemplar todo a vista de pájaro desde un MiG-25 o incluso desde el espacio exterior, además de experimentar unos buenos azotes en un banya (baño tradicional ruso).

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