TÚNEZ

Tunicia o Túnez, república de África septentrional; limita al norte y este con el mar Mediterráneo, al sur con Libia y al oeste con Argelia. Tiene 163.610 km2 de superficie total.

Situada a modo de cuña entre Argelia y Libia, Túnez parece pequeño al lado de sus vecinos, aunque no es menor que muchos países europeos. Un 40% del perímetro del país está bañado por el Mediterráneo. Cerdeña y Córcega se encuentran al norte y Malta y Sicilia al noroeste.
   
El norte de Túnez goza de un clima mediterráneo, con veranos cálidos y secos (junio-agosto) e inviernos templados y lluviosos (diciembre-febrero). Las altas temperaturas del país superan los 32°C y no descienden por debajo de los 6°C. Ocasionalmente nieva en las montañas del noroeste, mientras que cuanto más al Sur, el ambiente se torna más caluroso y seco. Las precipitaciones anuales oscilan entre los 1.000 mm en el Norte y los 150 mm en el Sur, aunque en el ámbito sahariano no llueve durante años enteros. El punto más bajo de la nación es el Chott el-Gharsa, situado a 17 m por debajo del nivel del mar, y el más elevado, el Jebel Chambi, con una altitud de 1.544 m.
    
Las precipitaciones dictan la topografía del país. Las montañas de Kroumirie, en el Noroeste, reciben la mayor cantidad de lluvia y están densamente arboladas con encinas y alcornoques de hoja perenne. Los árboles de fresas son otra imagen corriente, y se les designa con este nombre por sus frutos llamativamente rojizos; es frecuente ver a chicos jóvenes tratando de venderlos al borde la carretera en diciembre. Los árboles están cubiertos de racimos de fragantes flores blancas en otoño. Las pequeñas llanuras del Tell contienen modestas concentraciones de pino de Alepo, mientras que el último rastro de sabana presaharaniana radica en el bosque de Acacia raddiana del Parque Nacional de Bou Hedma. En las llanuras desarboladas del Sur se hallan extensas zonas de esparto, mientras que más al Sur la vegetación cede paso al desierto con esporádicos oasis.

Un viaje a Túnez es un viaje por una historia de más de tres mil años. Las huellas de fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos, turcos o españoles, van apareciendo conforme se recorren las diferentes zonas del país. En esos paseos se descubre también un pueblo hospitalario. De raíces beréberes, los tunecinos saben desde siempre, que una taza de té reconforta y alivia al viajero más cansado, procedente del desierto o de cualquier otra zona del mundo. Pero no es sólo historia y hospitalidad lo que caracteriza a Túnez pues, aunque pueda parecer un espejismo, el país ofrece también excelentes playas de arenas blancas y aguas transparentes, clima moderado, verdes valles llenos de flores, encantadores oasis con refrescantes palmerales, doradas dunas, deliciosos dátiles, cautivadora artesanía o travesías por un inconmensurable desierto en el que se pueden oír los latidos del silencio.
     
Entre los zocos bulliciosos de sus ciudades, donde se anudan hilos tanto para crear alfombras como para tejer amistades, también se cincela con precisión el bronce al igual que se entreteje y moldea una rica vida cultural. Las innumerables mezquitas diseminadas por todo el país, centros de la vida religiosa con sus minaretes que se erigen dominando el vasto horizonte, esconden rincones de recogimiento en los que se concentra el espíritu de todo un pueblo.
    
Cuando el aroma del jazmín y del azahar envuelve los entretenidos cafés, entre una fiesta de colores, los sentidos del visitante son víctimas de un mágico espejismo. Pero los inconfundibles paisajes, las notas de la música malouf, la seducción de sus tradiciones, el vapor de los baños hammam y la grandeza de su pasado y presente, confirman que lo que se vive no es una ilusión óptica. Aquí, los espejismos ya no existen, lo fantástico se convierte en realidad.
        
Y aunque las dunas se muevan de un sitio a otro, en el Gran Erg Oriental, la esencia de Túnez, oasis de serenidad, permanece siempre inalterable.

Geografía

A Túnez, al igual que a los países de la región occidental del norte de África se les denomina Estados del Magreb y que en árabe significa Oeste, con el que se designa a las tierras más occidentales del mundo árabe.
   
Túnez en cuanto a tamaño es el más pequeño de ellos y se encuentra situado en el extremo oriental del Atlas y en la ribera del Mar Mediterráneo. Sus fronteras están limitadas al noreste con Argelia y al sur y sudeste con Libia, por el norte y el noroeste con el mar Mediterráneo.
Túnez tiene una extensión de 164.150 kilómetros cuadrados de superficie con una anchura media de 240 kilómetros cuadrados, lo que supone algo menos de un tercio de la superficie total de España y cuenta con un litoral de unos 1.300 kilómetros recortado por los golfos de Túnez, Hammamet y Gabes.
   
Existen tres zonas claramente distinguidas: la zona de los Tell, que está formada por las cadenas montañosas de este nombre, el Tell marítimo y el Alto Tell, donde predomina el relieve montañoso, que se prolonga hacia la costa y donde se intercalan valles. Esta zona, debido a las lluvias que aquí se producen, permite a sus habitantes recoger una cosecha regular a lo largo de todo el año. La segunda región es la de las Estepas Centrales Altas y las Bajas, con un relieve más bajo que la anterior y levemente accidentada por las estribaciones del norte y por las cuencas como la del Chott el Djerid; Para finalmente llegar a la Región del Sur, constituida por la prolongación hacia el norte del desierto del Sahara.
   
Las cadenas montañosas que discurren en dirección nororiental pertenecen al sistema del Atlas, de reciente plegamiento y, que desde Marruecos y a través de Argelia, continúa por Túnez donde pierde altura de manera manifiesta. Sus estribaciones llegan hasta el Cabo Bon y al Hinterland del Golfo de Gabes. En poniente se eleva la montaña más alta del país, el Djebel Chambi con 1.554 metros
   
Las cordilleras del Atlas se entremezclan con extensas mesetas esteparias que continúan hacia el interior del país en una estepa llana, donde aisladamente surgen algunos macizos montañosos como los de Djebel Orbata, con una altura de 1.165 metros, el Djebel Sidi con 1.029 m. o el Djebel Nara con 722 m.
   
La costa septentrional se caracteriza claramente por los dos tipos de paisaje que en ella se pueden admirar: En la parte occidental, la serranía que está cubierta de bosques, mientras que hacia el este, comunicándose con la región de las colinas de Mogod, se despliega una zona más bien árida y con extensos maquís.

La costa oriental pertenece a la región de las estepas, pero el pueblo tunecino ha conseguido transformarla en fértiles campos. Hacia el interior la región se extiende desde Zaguán hasta el oasis de palmeras datileras de Zarzis, al frente de la Isla de Djerba. A diferencia del Sahel septentrional alrededor de Susa, la porción meridional que circunda Sfax, presenta un clima mucho más seco sometido ya a la influencia del Sahara.
   
En dirección este-oeste y desde el Golfo de Gabes hasta la frontera argelina se extiende la enorme región de los Chott, los llamados lagos salados secos. El mayor de ellos es el Chott El Djerid, con una extensión de unos 5.000 kilómetros cuadrados seguido de sus subsidiarios Fejej y de Gharsa, en el oeste. Como los chott son alimentados por los uadis (palabra de origen árabe que significa lo mismo río que torrente seco), que llevan poco caudal de agua y nunca se llenan por completo, la intensa insolación estival provoca la evaporación del líquido, por lo que la superficie de estos lagos se cubre de gruesas cortezas de sal de 3 a 5 cm. de espesor, por los que es posible dar un alucinante paseo.
  
La única red hidrográfica importante del país se encuentra en la zona norte y está formada por el Medjerda y los afluentes Miégéle, Tessa y Siliana. Asimismo destacan, el Golfo de Túnez, "al-Túnisi", la península del cabo At-Tib, en el norte, los Golfos de Hammamet, "Al-Hammámát" y Gabes, "Al-Qábis", en el este y el Golfo de Gabes, cerrado en el extremo sur por la isla de Djerba, "Garbah".
      
Flora y Fauna
Túnez cuenta con una variada flora y fauna debido a la gran variedad de microclimas con que cuenta y que van desde los desiertos arenosos, pasando por lagos salados, hasta las zonas costeras con diferentes islas.
    
Flora
En la zona del norte del país, sobre todo de la costa oriental y septentrional, la flora es de tipo mediterráneo. Entre las muchas y llamativas plantas subtropicales se encuentran los hibiscos, las buganvilias, los aromáticos jazmines, los cítricos, los olivos y las vides. En la sierra norte de Kroumir, se encuentran bellos bosques poblados en los que crecen los redondos alcornoques y las grandes encinas, mientras que en la zona de Mogod, crecen plantas típicas del maquís como los helechos, los brezos y las retamas. En la zona de Tabarka predominan los bosques con árboles variados como los dules, los álamos, los sauces y los helechos. En las regiones altas del Atlas dominan sobretodo los enebros y los pinos de Alepo. En la zona cercana a la capital y hacia el sur, hasta Nabeul y Hammamet, en Cabo Bueno, predomina la variada y llamativa flora de cultivo como jazmines, magnolias, geranios, viñedos, naranjos y limoneros.
     
En la zona central, conocida como el Sahel, las bonitas palmeras datileras son la imagen dominante. En la zona más occidental, hacia la frontera con Argelia, predominan los valles cultivados de esparto, mientras que en las regiones aledañas a Monastir y Sousse se dan los hibiscus, geranios, jazmines y olivos.
     
En la zona sur, que comprende desde la región de Gafsa hasta las fronteras con Libia y Argelia, el desierto comienza a hacer acto de presencia. En la Isla de Djerba se pueden contemplar las largas palmeras y una gran variedad de arboles entre los que se encuentran los olivos, los higos, los granados, los algarrobos, los manzanos y los melocotoneros. En Gabes se pueden admirar las hermosas y diversas flores todas ellas propias de las arenas, de las dunas o de los lechos arcillosos de los ríos. Hacia el sur de Chott El Djerid se encuentran algunas plantas propias de las altas mesetas del Serif. Ya en la zona desértica lo que prevalecen son las dunas, sin ningún tipo de vegetación.
     
Fauna
En cuanto a la fauna tunecina, las especies de gran tamaño como los leones del Atlas, panteras, avestruces, antílopes oryx, carneros salvajes o elefantes se han extinguido. En cuanto a las especies de guepardos, hienas rayadas, ciervos de Berbería y búfalos se encuentran reducidos a unos cuantos ejemplares y bajo estricta protección del Gobierno tunecino. En la zona norte en Tabarka y la sierra de Kroumir habitan jabalíes, zorros, liebres, chacales, gato salvaje y jineta. En Nabeul y Hammamet se encuentran distintas especies de zorros, chacales, liebres, codornices y jabalíes. Por el contrario en las regiones meridionales, zonas desérticas o predesérticas habitan los fenec, los gerbos del desierto, los temidos escorpiones, las peligrosas víboras cornudas, numerosas especies de serpientes, el zorreig, al que temen especialmente los nómadas, y los camaleones. En cuanto al famoso mono magot sólo puede verse en los chotts meridionales.
     
Una de las especies más características y apreciadas por los tunecinos es el dromedario, introducido desde Asia hace más de 1.500 años, este animal se ha adaptado perfectamente al medio y es, sin duda, un ejemplar fundamental en la cultura del desierto ya que la existencia de los nómadas, por otra parte cada vez más reducida, depende en buena parte de ellos. De esta especie se aprovecha la piel, la grasa, el agua, los excrementos para el fuego y la construcción de las chozas, la leche y la carne, además de ser un inmejorable medio de transporte para atravesar los áridos desiertos.
      
Sin embargo, lo más interesante de Túnez es su ornitofauna, con más de 400 especies de aves. En los lagos existen multitud de anátidas, limícolas, flamencos o estorninos, que en primavera crían en las áreas meridionales de los chott. Cabo Bueno acoge una gran riqueza de pájaros diversos como ratoneros o halcones. Mientras que las garcetas, los chorlitejos patinegros, los tarros blancos y las gaviotas viven de manera permanente en Túnez. Las aves migratorias como las cigüeñas o las golondrinas pasan todo el invierno en el país. En la época de la migración los cielos tunecinos ofrecen un espectáculo impresionante con miles de aves volando hacia su destino.

Idioma

El idioma oficial en Túnez es el árabe. Sin embargo, la mayoría de sus habitantes, salvo las personas de más edad de algunas localidades, son bilingües y hablan también francés.

SOCIEDAD    

Túnez cuenta con una población de unos ocho millones de habitantes aproximadamente. Está compuesta fundamentalmente por árabes, los beréberes puros constituyen una minoría cercana a los 90.000 y habitan en las montañas del interior, además, en Túnez habitan unos 15.000 judíos, asentados sobre todo en la capital y en la Isla de Djerba y un reducido número de extranjeros procedentes de países como Francia, Italia, Argelia y Malta, etc.
     
Los beréberes fueron los primeros pobladores del país sobre los que se tienen noticias históricas y en ellos se mezclan las sangres negra y mediterránea. A pesar de que ocupaban un territorio muy bien delimitado y de no poseer una unidad política y cultural, siempre se opusieron con revueltas ante la presencia extranjera. Fueron los árabes, tras sangrientas luchas, los que lograron, finalmente, una vía de entendimiento para convivir pacíficamente con ellos. En el siglo X la islamización y arabización de los beréberes era casi total con lo que se inicia el mestizaje de ambos pueblos. En la actualidad, sólo un 2 % de la población es de origen beréber puro.
     
Los tunecinos son gente muy hospitalaria y siempre están dispuestos a ofrecer alguna taza de té, que nunca debe rechazarse, y unos dátiles a cambio de una agradable charla. También invitan, sin dudarlo, a los visitantes a participar de una de sus populares y coloristas fiestas y presentarán su familia a los nuevos invitados sin ningún reparo. Como en casi todos los pueblos árabes, el té a la menta se bebe a todas horas siendo una forma de trato social.
    
En ninguna ciudad árabe pueden faltar la mezquita, los baños públicos y el mercado, llamado zoco. Estos tres elementos constituyen el núcleo de la vida en Túnez. El zoco, que suele estar dividido en secciones según los distintos grupos artesanales, se concentra sobre todo, alrededor de la mezquita, ramificándose por todas las callejuelas y patios adyacentes. Los baños o "Hammams", conocidos también como baños turcos, son otro de los rasgos más característicos de Túnez. Generalmente, al finalizar la semana de trabajo, los tunecinos se reúnen en los baños para limpiarse, descansar y conversar. Es un verdadero encuentro social en el que también participan las mujeres en su zona de baños. En los preparativos de cualquier boda, las mujeres acompañan a la novia, y entre cantos y música la disponen para ese día tan especial. El baño consiste en una fuerte sudoración provocada por los calientes vapores, seguido de un fuerte masaje aplicado con un guante de pelo de animal. No se puede abandonar Túnez sin haber disfrutado de un hammam ya que si se dispone de tiempo, es una buena forma de relajarse a la vez que se conoce a los tunecinos entablando una cordial y amena conversación.
       
El Islam es otro de los rasgos que marcan y definen el carácter de los tunecinos. Además de ser su religión, domina también la vida política, la social y la de cada individuo. Las obligaciones de todo musulmán son cinco: la primera es, la oración, que debe realizarse cinco veces al día y los viernes en la mezquita, en la que para entrar primero hay que descalzarse y orar siempre mirando hacia La Meca; la segunda, la limosna legal; la tercera el ayuno, obligatorio en el mes del Ramadán para los mayores de 14 años; la cuarta, la peregrinación a La Meca, por lo menos una vez en la vida y la quinta y última, la profesión de fe. Es muy importante ser respetuoso con las tradiciones y costumbres del país, si una mujer accede a una mezquita debe llevar los hombros tapados y las faldas o pantalones largos, así como el cabello bajo un pañuelo. Si no se dispone en ese momento de uno, en las puertas de los principales monumentos religiosos se puede alquilar el traje y el pañuelo a precios muy económicos.
     
Otro elemento importante en la vida de los tunecinos es la música maluf. A pesar de la presencia de nuevos ritmos musicales, sobre todo occidentales, los tunecinos se sienten orgullosos de su cultura musical y se mantienen fieles a los ritmos tradicionales.
     
En cuanto a la situación de la mujer, a pesar de que la sociedad es un patriarcado, Túnez se encuentra en la vanguardia de los países árabes en lo que respecta a la igualdad de la mujer, gracias a la promulgación en el año 1956 del Estatuto Personal con el que se alcanzó la igualdad jurídica. Sin embargo, sobre todo en las regiones del interior y menos pobladas, las mujeres siguen un ritmo de vida tradicional con ancestrales costumbres.
    
Los típicos beréberes nómadas no han desaparecido totalmente, pero su número se ha visto reducido por los programas de asentamiento que han provocado que en la actualidad sólo queden grupos seminómadas, que aunque acompañan a sus ganados por las estepas, permanecen la mayor parte del tiempo en sus aldeas.
     
Los tatuajes en la piel realizados con henna, sobre todo en las mujeres del sur del país, son otra de las costumbres más arraigadas de los beréberes nómadas. Cada tribu posee sus propios diseños y se realizan principalmente en la frente, mejillas, mentón, pecho, cara interna y externa de los brazos, muñecas, manos, dedos y cerca de los tobillos. 

Arte y Cultura

Túnez está ubicado en un territorio sobre el que se han ido acumulando las expresiones artísticas más importantes del Magreb. Desde tiempos muy remotos han convivido la cultura de los habitantes del desierto con la cultura clásica del Mediterráneo oriental y, desde hace más de cien años, con la de Europa Occidental. En Túnez quedan restos de diferentes épocas y culturas, principalmente del período romano.
      
Prehistoria
Además hay restos prehistóricos del periodo Capsiense, siglo VI-V con restos de distintas épocas y cultura en la ciudad de Gafsa, asimismo repartidos por todo el país hay monumentos similares a los del ámbito Mediterráneo occidental.
      
Epoca Cartaginense
El hecho de que la cultura y el arte cartaginense sean pocos conocidos debe atribuirse a la destrucción de Cartago a manos de los romanos. Sólo han podido recuperarse sarcófagos, estelas funerarias, máscaras de arcilla, ánforas y ornamentos, todos ellos encontrados en mausoleos subterráneos. En la mayoría de estas piezas no se reconoce un estilo propio sino que se trata de expresiones influidas por las culturas más dominantes como la egipcia o la griega. Sobre los ritos cartagineses se sabe que las familias nobles sacrificaban sus primogénitos a los dioses Ball Hammon y Tanit para calmar su ira. Ente las construcciones más importantes de esta época se encuentra el Santuario de Tofet, "Tophet", situado en la antigua ciudad de Cartago y el mausoleo líbico-púnico en Dougga. En el Museo Arqueológico de Cartago se exhibe una importante colección de estelas púnicas, sarcófagos, joyas, amuletos y cerámica.
      
Epoca Romana y Bizantina
Durante la época del Imperio Romano, en Túnez predominaron los modelos clásicos, tanto en la arquitectura como en las artes plásticas. Las Basílicas cristianas de Bulla Regia, el Capitolio romano en Dougga, el anfiteatro en El Djem, las Termas de Antonino en Cartago, el foro de Sbeitla y otros muchos asentamientos, dan testimonio de aquellos tiempos. Cabe destacar, como algo propio del suelo norteafricano, la espontánea expresión de los mosaicos decorativos, la mayor parte de los cuales se pueden contemplar en el Museo Nacional del Bardo. La herencia bizantina se aprecia sobre todo en las ruinas de fortificaciones e iglesias de planta basilical y en los mosaicos funerarios que en aquel tiempo habían perdido ya la ligereza propia de los mosaicos romanos.
       
La Epoca Islámica
Los aglabitas iniciaron en el siglo IX una época de florecimiento de la cultura árabe. Mientras que para la arquitectura exterior de las mezquitas se buscó conscientemente la sencillez, se puso un gran interés en la decoración de las superficies interiores: dibujos geométricos o trazos ornamentados con suras, enseñanzas del Corán, adornaban las paredes y las columnas. Entre los tesoros artísticos de Túnez se cuentan los numerosos nichos de oración mihrab, adornados con azulejos, el púlpito de madera de la mezquita de Sidi-Okbar, en Kairuán, la Gran Mezquita, conocida como la de Aceituna, en Túnez, los Ribat -fortalezas- de Susa o Sousse y Monastir, entre otras muchas obras más. En cuanto a creaciones civiles de los aglabitas destacan los acueductos y las piscinas de Kairouán.
      
En el siglo XII y XIII se impusieron las tendencias artísticas andaluzas o moriscas. Los arcos de herradura y las bóvedas con estalactitas y adornos de azulejos vidriados fueron incorporados a la arquitectura tunecina. Un ejemplo de este estilo es la Mezquita de Kasbah o la primera Medersa, la escuela islámica de teología y derecho, así como de ciencias naturales y literatura que funciona en la actualidad, en Túnez. A excepción de las mezquitas otomanas de cúpula y minaretes octagonales introducidas en el siglo XVII por los turcos, en los siglos siguientes no aparecieron nuevos elementos estilísticos. A partir del siglo XIX se realizan construcciones de catedrales de estilo oriental en Cartago y Túnez.
     
Literatura
Como consecuencia del dominio extranjero durante muchos años, en Túnez no se desarrolló una unidad política o cultural, lo que hubiera podido dar origen a una literatura beréber. Sin embargo, personajes importantes de origen africano escribieron en latín, como Lucio Apuleyo, autor de la novela satírica "El Asno de Oro y la Metamorfosis", del siglo II; el padre de la Iglesia y Obispo de Cartago San Cipriano, fue el autor de varias obras apologéticas, en los años 210-258, así como San Agustín, Obispo de Hipona, antigua ciudad cartaginense en Argelia, en 354-430.
      
Como creaciones propias existen cuentos y poemas épicos transmitidos de forma oral, que a pesar de centrarse en temas árabes, incorporan elementos autóctonos introducidos por los propios narradores. La literatura contemporánea ha estado mucho más marcada por el signo de lucha de la liberación. Desde la independencia, numerosos temas literarios tratan del pasado tunecino o de la actualidad de la nación.
     
Música
La música popular tiene su origen en antiquísimas tradiciones y se interpreta con flautas, trompetas y unos tambores planos fabricados con piel de cabra. Un instrumento parecido a una cornamusa acompaña con frecuencia las temperamentales danzas de los beréberes.
      
La música maluf es una versión hispano-árabe de la música artística oriental musulmana, introducida por los refugiados andaluces que llegaron a Tunicia en el siglo XVII y es la más representativa de Túnez. Los conciertos se realizan organizados en un programa y el maluf está compuesto por una serie de ritmos que se repiten siguiendo el mismo orden, a cada uno de estos programas se les llama nawabh. La música se ejecuta según una antigua tradición con instrumentos como el violín, el laúd, las panderetas, la gaita, el tambor, la cítara, pequeños timbales, flauta y daburka. Las piezas vocales se ejecutan en coro y utilizan tanto el idioma árabe literario como el dialectal.
     
Arte Popular
El profundo sentido de la tradición ha mantenido vivo el arte popular del país, a pesar de la introducción de técnicas modernas. Como sucede en todo el ámbito islámico, en la artesanía de Túnez la ornamentación de las superficies desempeña un papel muy importante. Objetos maravillosamente tallados en oro, plata o madera, las mantas, las magnificas y apreciadas alfombras o cualquier superficie disponible se resalta con diseños arabescos o dibujos geométricos como se puede apreciar también en los tapices.
      
Entre las actividades manuales más antiguas se encuentra la fabricación de alfombras y la alfarería. Los centros más importantes de la alfarería y cerámica se encuentran en la Isla de Djerba y en Nabeul, respectivamente. En cientos de talleres se fabrica diversa cerámica y numerosos objetos de barro sin cocer. En su mayoría, los jarrones, jarros y azulejos, todos ellos se realizan siguiendo modelos antiguos en los que imperan colores como el blanco, el azul, el verde y el amarillo, todos muy característicos de Túnez.
      
No se puede olvidar tampoco el excelente trabajo que se realiza con el cincelado del cobre, una antigua tradición realizada con perfecta precisión. 

Gastronomía

La gastronomía tunecina es muy rica y variada y cuenta con especialidades de diversos orígenes resultado de los distintos pueblos que la han ocupado, como los beréberes, andaluces, persas, turcos y egipcios por lo que sus platos y sabores son únicos y deliciosos.
      
Aunque en los grandes hoteles y en numerosos restaurantes tunecinos sirven comida europea, preparada casi siempre al estilo francés o italiano, lo mejor es probar y disfrutar con la cocina tunecina. La mayoría de los platos se caracterizan por estar acompañados con harissa, una salsa realizada a base de pimientos molidos, ajo y especias, que se suele mezclar con aceite de oliva y untándola en pan da un toque picante con el que se enaltecen los sabores, además de abrir el apetito, se dice que es un buen afrodisíaco.
      
En los numerosos establecimientos que se encuentran al pasear por las calles de las principales poblaciones, seguramente en el menú se pueda degustar el cassecroufe, un pan blanco árabe relleno de harissa, aceitunas verdes y negras, alcaparras, atún y lechuga. Para abrir el apetito, lo mejor es empezar con algún kémia, nombre que se da a los aperitivos y tapas típicas del país, los hay de pescaditos fritos, huevo duro, de habas calientes con cominos, anchoas o atún o un delicioso Slatit blanquit, un bocadillo de atún con aceitunas, alcaparras y queso. Si se prefiere un inicio más fuerte lo mejor es probar una Merguez, que es una deliciosa salchicha de cordero preparada a la brasa. Los briks son otro rico entrante, es una especie de empanada que prepara con harina, conocida como maluska, en forma de hojaldre fino, que se fríe en aceite de oliva y se rellena de carne picada, pollo, marisco o atún, sirviéndose caliente con rodajas de limón.
      
Una verdadera delicia es probar los populares Dedos de Fátima, rellenos de carne y verduras. Entre buenas y variadas ensaladas, que se preparan con todo tipo de ingredientes, sobresalen, la Ensalada Mechuia, preparadas a partir de tomates, pimientos dulces y picantes, cebolla, ajos, todo ello bien troceado y asado regado con aceite de oliva, sal, pimienta, zumo de limón y añadiéndole después aceitunas, alcaparras, atún y huevo duro picado, la Ensalada Tounsya, a base de pimientos dulces y pimientos picantes mezclados con tomates, todo muy picado y aliñado con vinagre, aceite de oliva y decorado con sardinas en aceite o atún, y, también, la Ensalada Hourya, que, en realidad, es un puré de zanahorias con harissa, ajo, alcaparras, semillas de alcaravea, aceitunas y aderezado con aceite y vinagre.
     
Un plato exquisito es el Boutargue, especie de caviar rojo preparado con las huevas secas, saladas y prensadas de galupe. No pueden faltar las suculentas Chorbas, (sopa en árabe), que suelen ser de tomate, pescado, cordero o verduras y se suelen servir muy condimentadas.
     
En cuanto a los platos fuertes, el más típico es el Cuscús, el plato nacional por excelencia en todos los países árabes, para el que hay entre 50 y 60 recetas diferentes según los ingredientes. Sin embargo, la base es siempre sémola de trigo duro que se cuece al vapor en una olla especial a la que se agregan trozos de carne de cordero, de vaca, pollo o incluso pescado, verduras y legumbres. Se sirve con una salsa más o menos picante según el gusto del comensal.
    
Si se piensa que el Cuscus puede resultar muy pesado nada mejor que probar las Ojja, huevos escalfados con salsa de tomate, cebolla y pimientos que combina muy bien con los sesos y las típicas salchichas merguez.
      
Por la variedad de platos no hay que preocuparse, la lista puede ser interminable. Se pueden probar los sabrosos Mechoui, (asado) son pinchitos de carne de cordero o cabrito y, también mixtos. Si se prefiere se pueden tomar las Meloukhia, carne de cordero estofada en aceite de oliva, a la que se añade una deliciosa salsa verde, un verdadero placer. En guisos destaca la Kamunia, trozos de carne e hígado, preparados con una rica salsa espesa y condimentada con cominos.
       
Los suculentos Tajines, son otra de las especialidades tunecinas, es un pastel de huevo con carne de cordero, verduras, papas, hojas de maluska y queso parmesano, todo ello cocido a fuego lento y se puede tomar caliente o frío.
      
Para finalizar nada mejor que un delicioso Cordero a la menta o unas Gambas a la kerkenesa, cocidas en salsa de tomate. Sin olvidarse de degustar las Chakchukas y las Tbiklas platos a base de tomates, pimientos, cebolla y huevo frito y carne. Es conveniente recordar que el pescado es muy fresco y de una inmejorable calidad. En algunos lugares se puede tomar el Poisson Complet que no es otra cosa que el pescado acompañado de un huevo frito.
     
Postres
En cuanto a postres, resultan ser toda una delicia para los golosos ya que, como todos los postres árabes, son muy dulces. Destacan los Baklawas, pasteles a base de miel, frutos secos, azúcar, mantequilla salada, huevos, aceite, almendras y agua de geranio, entre otros ingredientes, el Bouza es un postre típico, similar a las natillas hecho a base de sorgo, avellanas, semillas de sésamo, leche y azúcar, el Makrouhd, pastel de sémola y miel relleno de dátiles o almendras y frito en aceite, o bien, cocido al horno, los Dátiles rellenos con pasta de almendra y la Ghrayba, pastel a base de harina de garbanzos, mantequilla salada y azúcar. Si se disfrutó del cuscús, existe también en modalidad de postre con pasas, granos de granada, dátiles y almendras y que se conoce como Masfuf.
      
Es conveniente recordar que las especias son muy importantes en la gastronomía tunecina y que aunque los sabores puedan resultar un poco fuertes, sobre todo al principio, los platos resultan verdaderamente excelentes.
   
Bebida
En cuanto al agua, en Túnez al igual que siempre que se realiza un viaje, lo recomendable es beber sólo agua mineral embotellada para evitar malestares digestivos. Es importante recordar que los hielos si no están hechos con agua mineral pueden llegar a producir el mismo y molesto efecto. La cerveza es otra alternativa y entre las marcas más conocidas del país se encuentra la Celtia. Más refrescante puede resultar un delicioso zumo de fruta, preparado en alguna pastelería, los hay de limón, naranja, fresa, zanahoria y la orgeat, una bebida dulce a base de almendras. Otra alternativa es la Lait de Poule, preparada con huevos, plátano y leche. Los siropes de granadina o menta resultan muy buenos combinados con Boga, la gaseosa nacional.
      
No se debe dejar de probar los excelentes y variados vinos tunecinos ya sean blancos, rosados o tintos. Entre las diversas marcas destacan los Coteux de Utique, Blanc de Blanc. Les Coteaux de Teborka: Magnon, Koudiat, Clariet de Bizerte. Les Coteaux de Carthage: Chateau Mornag o Haut Mornag. Existen también vinos espumosos como el Tardi o el Cordon vert de Thibar.
    
En lo referente a aperitivos se recomienda el Kina Thibar y Muscat sec de Kilibia. Para después de comer nada mejor que probar el aguardiente de higos Boukha y le Thibarine, un delicioso licor digestivo realizado con dátiles y plantas aromáticas, es muy parecido al orujo. Los dos tienen unos 40 grados.
    
Estamos seguros de que no se puede abandonar Túnez sin haber disfrutado de una taza de aromático té con menta, la bebida más popular. Se suele servir bien cargado y con mucho azúcar. Si se prefiere también se encontrará fácilmente el delicioso y fuerte café al estilo turco, espeso y azucarado.
   
Entretenimiento
Además de la típica música malouf, las variedades y exquisiteces gastronómicas, los espectáculos folklóricos, que suelen ser danzas al más puro estilo árabe y que se suelen ofrecer en la mayoría de los hoteles y en los festivales culturales de algunas ciudades, este país es uno de los lugares mas privilegiados para los amantes del deporte, sobre todo en las costas. Estas son las características que definen los momentos de descanso del país.
    
Compras

Túnez es un verdadero paraíso para los amantes de las compras. Este país se descubre como un gran "shkus" o zoco en el que se puede encontrar la más rica y variada artesanía popular, así como fragantes y excelentes productos naturales. A pesar de que cada región se especializa en un tipo de artesanía, hoy se puede encontrar casi todo lo que se produce en el país en la mayoría de los zocos, bazares o mercados de las principales ciudades.
    
Lo más característico del país son las maravillosas alfombras tunecinas, de excelente calidad y con múltiples y vistosos diseños. Existen diversos tipos de alfombras y realizadas con variados tejidos como el kilim, tapices pequeños con diseños geométricos, el mergúm, tejido y bordado o la Kairuán, alfombra de nudos, la más representativa del país.

LA MEDINA

Es la zona más antigua e interesante de la ciudad y data de la época de los hafsíes del siglo VIII. En 1950 fue necesario derribar parte de la muralla ya que el crecimiento de la moderna Túnez así lo impuso. A pesar de ello continua siendo uno de los lugares más atractivos de la ciudad.

Paseando por la Avenida 7 de Noviembre y después de la Plaza de la Victoria, se llega a la Puerta de Francia, una de las antiguas puertas de la muralla de La Medina. Al cruzarla se accede a la ciudad árabe, se deja el presente y se abren las intrincadas y estrechas calles para descubrir toda la riqueza de La Medina de Túnez, una de las mejor conservadas del país.

Avanzando por la calle de Jama ez Zitun se llega a la Biblioteca Nacional, ubicada en un antiguo acuartelamiento turco de 1813 y construida por Bey Hammuda. Más adelante aparece con todo su esplendor la Gran Mezquita (Ziyuona), conocida también como la Mezquita de la Aceituna. Construida en el año 732 por los omeyas, casi con el nacimiento de la ciudad, fue reconstruida enteramente por los alghlabíes en el 864. Consta de 15 impresionantes naves, 184 columnas procedentes, en su mayoría, de las ruinas arqueológicas de Cartago ofreciendo un curioso contraste, una espléndida cúpula que precede al mihrab, el lugar que indica en que dirección se encuentra la Meca y hacia el que tienen que reclinarse durante la oración y un minarete de 44 metros de altura levantando por Negro en 1894. En su decoración se conjugan los diseños árabes y las columnas y capiteles corintios lo que produce ambiente de recogimiento. La Sala de Oración está cerrada a los visitantes, sin embargo la Galería Elevada sí permite visitas en horario de 08.00 a 11.00 h. excepto los viernes.

Muy cerca, se localiza la Mezquita de Sidi Yussef de influencia otomana y dominada por un minarete octogonal, decorado con azulejos de color verde resaltan sobre una galería con columnas de colores. Fue construida por el Yussef Bey en el año de 1614 y en su interior se encuentra el mausoleo del fundador comunicado con el minarete por la galería anteriormente mencionada. Junto a esta mezquita se encuentra la Medersa Hanafita construida en 1622.

Flanqueando el Hospital Azziza Othmana, se encuentra el Palacio de Dar el Bey, un antiguo palacio del siglo XVIII que acoge la residencia del Primer Ministro tunecino y el Ministerio de Asuntos Exteriores y fue construido por el Bey Hammuda. Por la calle, en parte abovedada, del Castillo se llega al Bulevar Bab Menara y cruzando éste se encuentra la Mezquita de Kasba, edificada en el siglo XIII por Abu Zakariya con un minarete de influencia marroquí y relieves geométricos. Mezquita de la Corte Tunecina con el paso del tiempo ha sabido mantener algunas de sus tradiciones como la, realmente curiosa, de anunciar la oración cinco veces al día ondeando una bandera blanca.
  
Siguiendo con las Mezquitas y después de una visita al Museo de Sidi Bou Krissan, en el que se pueden contemplar estelas y lápidas funerarias de finales del siglo IX ubicadas en un jardín entre las que destaca la tumba de los soberanos khorassaníes, se accede a la Mezquita Ksar del año 1106. Sus líneas sencillas destacan en la fachada con arcadas que fueron trazadas por el maestro Ahmed Ben Khorassen aunque su destacado minarete, con motivos geométricos en mármol y esmaltes, de inspiración hispano morisca fue levantando en el año 1650. En el patio y en la Sala de Oración se pueden contemplar capiteles y fustes en columnas bizantinas y romanas.

Muy próxima se halla Dar Hussein, antigua casa de mediados del siglo XII restaurada posteriormente en el XIX donde se encuentra el Instituto Nacional de Arqueología y Artes. Aunque no es posible visitarlo, a veces, el conserje permite que se pueda contemplar el primer patio del edificio.

Avanzando hacia el sur aparece el mausoleo más grande de Túnez, el Tourbet El Bey, del siglo XVIII, fue construido para acoger a los Príncipes Huseinitas y sus familias por Ali Bey. Su fachada está decorada con pilastras aunque el elemento arquitectónico más destacado son las cúpulas de inspiración italiana. Al norte, el Palacio Dar Ben Abdallah uno de los más ostentosos de la ciudad de estilo italiano, del siglo XVIII, que alberga al Museo de Artes y Tradiciones Populares, donde se pueden apreciar diversas manifestaciones de la cultura tradicional del siglo pasado. Destacan los personajes de la vida familiar del siglo XIX a tamaño natural, nacimientos, trajes tradicionales de circuncisión y de boda, entre otros. Horario: De 09.30 a 16.30 h. Cerrado los domingos.

Subiendo por la Calle de los Tintoreros aparece el Dar Othman, palacio de finales del siglo XVI y principios del XVII, con una espléndida fachada flanqueada por dos columnas de mármol superpuestas. También destaca la decoración geométrica en tonos blancos y negros resultando extremadamente atractiva. En tiempos pasados fue casa privada y almacén militar por lo que se denomina popularmente como Dar el Aoula.

Como último sitio de interés de la zona sur y centro de la Medina, nos detendremos en la Mezquita de los Tintoreros, construida en 1726, que destaca por la decoración del interior de su minarete octogonal. En su interior se sigue el rito hanefita. Como curiosidad comentar que los azulejos de la Sala de Oración fueron traídos especialmente desde Turquía y en los siglos XVIII y XIX fueron añadidas al conjunto arquitectónico una Medersa y un Kutlab.

Volviendo a la Gran Mezquita y a unos metros de ella, se encuentra la Mezquita y el Mausoleo de Hammuda Pachá, de 1655. Su esbelto minarete octogonal y su decoración con influencia italiana, acoge en el patio central los restos de este santo muy venerado. Resultan llamativos las tejas verdes barnizadas de su techado y su puerta de mármol policromado. En la zona norte de la Medina se encuentra la Mezquita Sidi Mahrez, del año 1692, que se diferencia de las demás por su fuerte influencia turca. Construida, en parte, por Bey Mohammad, la Sala de Oración cuenta con una cúpula hemisférica al estilo de las mezquitas de Estambul cuyos muros están adornados por estuco y cerámica. El mismo nombre de la Mezquita lo ostenta también la Zaouia, tumba de un santo patrón de la ciudad del siglo X bellamente decorada con estucos azules.

En esta zona se encuentran importantes medersas, las tradicionales escuelas coránicas como la Medersa Achuria, con un excelente pórtico, la Medersa Bachiya, construida en 1756 por Alí Pachá que comunica con la Medersa Shmaniya con columnas moriscas conformando un porche de gran belleza construida en honor de Suleimán y comunicada también con la Medersa Nalha, conocida popularmente como la "de la palmera".

Los Zocos
En el recorrido por las mezquitas hemos obviado, a propósito, los zocos, los populares mercados tunecinos, para dedicarle un apartado especial. Caminando por las calles de La Medina, se irán descubriendo multitud de zocos. Se diferencian porque cada uno de ellos pertenece a un ramo de artesanos y paseando por las distintas callejuelas los olores de los materiales irán descubriéndonos a que variedad de artesanía nos estamos acercando. Lo mejor es dejarse llevar, se indican algunos de ellos, quizá los más visitados y populares, pero todos merecen la pena:

El Zoco de los Perfumes, conocido como el Attarine, construido en el siglo XIII por Abu Zakariya. Destacan los puestos decorados con tonos verdes y dorados en los que se pueden admirar, y en este caso respirar, los sacos repletos de especias que desprenden suaves fragancias como las de la henna tanto en polvo como en rama, los perfumes, velas con olor, champúes como el tfal, típicamente árabe, inciensos de distintos aromas, khol en frasquitos que son una auténtica obra de arte y esencias de jazmín o de azahar, entre otras muchas, que se extienden por todo el mercado otorgándole un carácter único. Sin duda es uno de los zocos más atractivos, tanto por su colorido como por sus aromas.

El Zoco de las Chechias, del año 1675, concentra todas las chechías, "sheshía", es decir, los peculiares gorritos de color rojo de lana con una borla negra, de origen morisco y muy común entre los tunecinos. Es una de las artesanías más antiguas del país que conlleva una complicada elaboración compuesta por el teñido, cardado y prensado de la lana, uno de estos curiosos gorritos puede llevar un mes de trabajo.

El Zoco el Trouk, Mercado de los Turcos, fue construido en el siglo XVII y ofrece diversa y variada artesanía de todo el país. Merece la pena descansar tomando un té en el Café de los Hombres Santos.

Si se desean tejidos, hay que acercarse al Zoco el Koumach, que data del siglo XV, donde se puede adquirir toda clase de vestimenta de distintas etnias como los mellias, trajes de las mujeres beréberes o yebbas, masculinas.

Para piel y talabartería el Zoco es Sekkajine especializado en el trabajo manual del cuero. Espectacular por el colorido resulta el Zoco de los Tintoreros en donde se realizan a mano los teñidos de los tejidos que cuelgan en todos los puestos. En el Zoco el Lefta se encontrarán colchas de colores, mantas, tapices y alfombras. Aquí puede disfrutar de una buena taza de té en las terrazas de alguno de sus bazares que ofrecen una maravillosa panorámica de la Medina. El Zoco de Nahas o del cobre, en el que aún se utilizan las técnicas más tradicionales en el cincelado de este material consiguiendo acabados absolutamente perfectos en las distintas piezas realizadas como teteras, pipas de agua, juegos de café, etc.

La visita por los zocos se cierra con el Zoco de Blaghija, donde podrá comprar un buen par de zapatos y las no menos excelentes babuchas árabes, el Zoco el Kebabjia, donde se encuentran los artesanos dedicados a la pasamanería y la seda, el Zoco Essagha, el zoco de los orfebres que trabajan el oro y la plata y el Zoco Berka, antiguo mercado de esclavos, en el que actualmente se pueden adquirir maravillosas joyas y piedras preciosas en un recinto cubierto con columnas rojas y verdes, toda una experiencia.
Alrededores de La Medina

Destaca la Mezquita de Yussef Shaib et Taba del siglo XIX, réplica de la de Yussef Dey, pero diferente por su decoración de estilo italiano realizada con materiales importados de Italia y por su minarete sin concluir. También merece una visita el Mausoleo de Sidi Kassem del siglo XV con un tejado verde, alberga un excelente museo de cerámica cuyo horario es de 09.30 a 16.30 horas y cerrado los lunes. Es preciso realizar una parada en el Zoco el Assar ya que en su plaza de ambiente provinciano rodeada de cafés está dotada, sin duda, cierto encanto. Ya más alejado se encuentra Kubba, un pabellón del siglo XVII coronado con una cúpula decorada con azulejos y estuco. Vale también la pena realizar una visita al Zoológico de Túnez, donde se pueden apreciar ejemplares propios de la región. Son también de interés la Tumba de la Princesa Aziza Otomana, privada, de estructura sencilla, que guarda los restos de Fátima una princesa muy popular por ser cariñosa y caritativa, la Zauia de Sidi Abdelkader, construida entre 1846 y 1850, con la tumba de un personaje muy estimado por los habitantes de la ciudad, el Teatro Municipal de Túnez, la estatua de Ibn Khaldoun, la Catedral Católica de Sant Vicent de Paul construida en 1882 en estilo neobizantino y la Iglesia de la Santa Cruz.

La Goulette es el puerto de la ciudad donde pueden verse algunos restos de la presencia española y turca y uno de los lugares más apreciados por los habitantes de la ciudad que en verano escapan del calor hacia este refrescante balneario. Merece también una visita el Museo. En el Parque Belvedere se podrá realizar un paseo entre olivos, ficus, mimosas, palmeras, eucaliptos y diversas plantas, disfrutando de una panorámica de la ciudad.

STIOS DE INTERÉS

Para descubrir las bellezas de Túnez lo hemos dividido en tres zonas. En Región del Norte desarrollaremos los puntos de interés comprendidos a lo largo del litoral del Mar Mediterráneo hasta la ciudad de Sousse y por el interior, hasta Dougga. Constinuaremos nuestro viaje por la Región Central comprendida entre las poblaciones de Sousse y Sfax e igualmente por el interior del país, para finalmente, conocer la Zona del Sur, comprendida desde Gafsa por el oeste y Gabes por el este, hasta la frontera con Libia.

El Norte de Túnez

En esta zona se concentran la mayoría de las ruinas púnicas y romanas junto a importantes centros turísticos. Se recorrerá, por este orden, Túnez capital, Cartago, Sidi Bou Said, Utica, Bizerte, Tabarka, Bulla Regia, Dougga, Zaghouan, Hammamet y Nabeul.

Túnez Capital
La capital, Túnez, que recibe el mismo nombre que el país, es una villa donde se conjuga armoniosamente el pasado con el presente y lo moderno con lo antiguo. Se encuentra situada al fondo del golfo del mismo nombre, Lago de Túnez, y cuenta con una población de más de un millón de habitantes. Es la capital diplomática, política, cultural, comercial y administrativa del país. Fundada hace más de 2.000 años a.C. por navegantes cretenses, fue destruida, al igual que Cartago, en el 146 a.C., sin embargo el comercio romano y bizantino la hizo florecer de nuevo y en 1160 alcanzó la capitalidad del país bajo el gobierno del almohade Abdel Mumen Ibn Ali.

Como en la mayoría de las principales poblaciones, los lugares de interés se concentran en La Medina, palabra con la que se define a una ciudad árabe. Sin embargo, la ciudad moderna de Túnez, que tiene su eje en la Avenida Bourguiba, es un buen lugar para iniciar el recorrido y descubrir con una mirada retrospectiva, del presente hacia el pasado, la ciudad. En la avenida, arbolada de ficus, se concentran los principales edificios y la mayoría de las butiques, restaurantes, cafeterías, comercios, embajadas, bancos y hoteles. El estilo arquitectónico recuerda a la Francia del siglo pasado y en esta zona destacan la Catedral Católica de Saint Vicent de Paul del año 1882 de estilo neobizanto y la Torre de África, desde donde se obtienen excelentes panorámicas de la ciudad.

El Museo Nacional del Bardo
Este museo se encuentra a 6 kilómetros del centro de Túnez. Alojado en un palacio del siglo XIX con hermosos jardines ofrece numerosas salas que exhiben impresionantes obras. Es, sin duda, uno de los museos que mayor colección de mosaicos recoge. Recorrer sus salas es realizar un viaje por la historia de Túnez. Destacan la sala dedicada a la época púnica, donde se exhiben joyas, féretros, instrumentos de guerra, etc. y la sala dedicada al período paleocristiano. En cuanto a los período romano y bizantino las salas acogen esculturas, pavimentos, estatuas, bronces y excelentes mosaicos de la época realizados en suelo africano y que superan en belleza y colorido a los propios romanos como el "Triunfo de Neptuno" o "el Mosaico del Señor Julius" o "El mar abundante de peces", entre otros. En cuanto al período árabe musulmán, el universo de piezas puede ser incalculable: terracotas, vidrios, azulejos de decoración geométrica y vegetal, bronces, cerámicas, utensilios, etc. También es importante el período griego con bronces y estatuas recogidas en un naufragio y que datan del siglo I a.C.

Cartago

Situado a 18 kilómetros de Túnez, fue la capital del Imperio Cartaginés y principal puerto marítimo del Mediterráneo en aquella época. Fundada en el año 814, este enclave ha sido destruido varias veces a lo largo de su historia. Ciudad natal de San Agustín y Aníbal hoy es un barrio residencial y los restos que hablan de su antigua grandeza se encuentran dispersos por toda la zona y ha sido declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO que dirige los estudios en esta ciudad.

La visita puede comenzar en el Santuario de Tanit y de Ball Hammon o El Tofet. En la antigüedad fue un magnífico centro de culto a los dioses fenicios en el que se sacrificaban a los primogénitos de la nobleza y se han encontrado restos de más de 70.000 niños enterrados en este lugar. Sólo se puede ver una parcela de este cementerio ya que el resto todavía se encuentra bajo tierra o bajo los edificios del moderno barrio. Más adelante, en dirección al mar, se encuentran los Puertos Púnicos, dos lagunas en cuyo fondo aún se puede apreciar esplendor y en la península que los separa, desde 1961, se levanta el Museo Oceanográfico con una interesante colección de barcos antiguos y modernos, artes de pesca de todos los tiempos de este país, una muestra de pájaros y peces disecados y un pequeño acuario.
    
Las ruinas del Anfiteatro todavía permiten imaginar la grandeza de lo que fue el Coliseo más grande de África con un aforo para 36.000 personas. El Teatro fue construido en el siglo II en tiempos de Adriano con una capacidad para 5.000 personas y en la actualidad se celebra en él el Festival Internacional de Cartago. El Museo Nacional de Cartago exhibe una rica colección de los hallazgos encontrados entre las ruinas: mosaicos, las excelentes victorias aladas romanas, lámparas funerarias romanas, objetos de uso doméstico, sarcófagos, joyas, amuletos, etc. de los períodos cartaginés, romano y bizantino. Horario: de 07.00 a 19.00 h en verano y de 08.00 a 17.00 h en invierno. Junto al Museo se encuentra la Catedral de San Luis dedicada a San Luis, muerto en estos territorios en el siglo XVIII durante la Séptima Cruzada.

En la Colina de Byrsa se encuentran yacimientos arqueológicos de la antigua Cartago y desde ahí se obtiene una vista hermosa del Golfo de Túnez. Siguiendo hacia el norte, se llega a las Termas de Antonino, las más significativas de la zona. Actualmente sólo se conserva la parte inferior y los sótanos, pero fueron las más importantes de la época cuando el agua se traía por un acueducto desde los montes Zaguán. Estas termas acogen en la actualidad un verdadero museo ya que en ellas se pueden contemplar interesantes restos romanos como la calzada, estelas púnicas, arquetas romanas, una capilla funeraria del siglo VII, mosaicos. En la parte más alta de la colina se encuentra una necrópolis púnica y en la parte posterior, la Basílica de Douimes, donde destaca el baptisterio. No olvide visitar los restos de la Basílica de San Cipriano, Casas Romanas, restos de un barrio romano construido sobre un cementerio púnico en el que destaca al reconstrucción de una casa romana convertida en el Museo la Pajarera, el Odeón construido en el 205 por orden de Séptimo Severo y los de la Basílica de Damus el Karita.

También son de interés los restos del Circo romano con una capacidad para 200.000 personas, las Cisternas de Malga que cuentan con 15 construcciones que contenían el agua y que la recogían de un antiguo acueducto del siglo I y el Barrio de Magón, el más moderno de los enclaves arqueológicos con edificios de los siglos VIII y VII a.C.

Sidi Bou Said

A tan sólo 2 kilómetros de Cartago, Sidi Bou Said es uno de los pueblos más pintorescos y encantadores de todo Túnez con rincones muy tranquilos entre sus casas encaladas con tejados y ventanas de color azul intenso. En el pueblo destacan el Café des Nattes sobre unas escaleras, donde se reúne la gente a conversar, la Mezquita, con un minarete y una Zauia que se añadieron posteriormente, Marabut de Abu Said, coronado por cúpulas y un gracioso minarete, el Museo con interesantes exposiciones temporales de pintura y artesanía, el Cementerio con tumbas de personajes famosos tunecinos, y el Faro, construido sobre un antiguo ribat. Los hombres de este pueblo suelen llevar una flor de jazmín sobre la oreja para percibir el embriagador aroma de esta flor mientras se camina por las callejuelas de la ciudad. Las vistas sobre el Golfo de Túnez son realmente fantásticas. Es un auténtico reducto para artistas y para todo aquel que esté dispuesto a dejarse embriagar por la magia de la luz.

Bizerta

Fundada por los fenicios, Bizerta, 'la Perla del Norte', es una de las ciudades más pobladas de esta región del Mediterráneo. Situada entre el cabo Blanco y el cabo Zebib, su viejo puerto que conserva el encanto de antaño con casas en blanco y azul, se abre entre las antiguas murallas. En la ciudad destacan la Gran Mezquita del siglo XVII con un minarete octogonal, con la característica de que el último piso es más grande que los demás.

Desde allí y a través de los Zocos de los Armeros y de los Herreros se llega a la Kasba, situada en los pies de la Plaza del Mercado. Es una antigua fortaleza del siglo XVII, con callejuelas pintorescas. Al norte aparece el Museo Oceanográfico ubicado en el Fuerte Sidi El Hani, abierto todos los días. La Mezquita de la Rebaa, con un minarete cuadrado con tres arcadas en la última altura. Después, el Barrio de los Andaluces con algunos restos interesantes, el Fuerte de España convertido actualmente en un Teatro al aire libre con hermosas vistas de la villa y el lago y la Plaza Slahedine, con una fuente de 1642 con una inscripción realmente curiosa, una antigua fortaleza del siglo XVIII, donde se concentra la vida comercial.

Son también de interés el Fuerte de Sidi Salem, la Playa de la Corniche, el Cabo de Bizerta, la Playa Sidi Abd el Ouahed y el Lago Bizerta. Las playas y las pequeñas calas son un auténtico paraíso.

Tabarka

Situada muy cerca de la frontera con Argelia, este pequeño puerto de Tabarka destaca por su artesanía en coral, por su entorno de verdes bosques, por la posibilidad de hacer pesca submarina y otros deportes y por el Festival de la Ciudad. Tabarka fue una antigua colonia fenicia de relativa importancia en la época romana y entre sus sitios de interés sobresalen La Basílica del siglo III, que en la actualidad y, después de varias transformaciones, alberga antiguas fuentes y termas públicas. El Borj Messaud, una fortaleza turca del siglo XVIII restaurada recientemente para realizar exposiciones y otros actos culturales, Las Agujas, rocas monolíticas de 20 a 25 metros de altura con formas peculiares debida a la erosión del agua del mar y la Isla de Tabarka, unida al continente por un camino de 400 metros, donde se encuentran algunos restos de construcciones genovesas como el Borj. No se debe dejar de visitar los talleres de corcho y coral y al fabricante de pipas que hará las delicias de los fumadores. En los alrededores destacan la Playa de Mellula y Babouch.

Bulla Regia

Se trata de unas extraordinarias ruinas romanas situadas al sur de Tabarka en dirección hacia Jendouba y Kef. En el siglo II fue capital de uno de los tres reinos numidas y fue construida por debajo del suelo. Destacan las Termas de Julia Memmia del siglo II, con impresionantes mosaicos y arcos abovedados Desde allí se accede a las majestuosas ruinas de dos Basílicas Cristianas, del siglo II, bien conservadas con algunas excepcionales columnas de mármol, el baptisterio y mosaicos. La Casa del Tesoro, una construcción subterránea, la Casa de la Caza, la más importante por sus columnas corintias, mosaicos excepcionales y distintos aposentos muy bien conservados como el comedor, la cocina y la cisterna y la Casa de la Pesca, con hermosos mosaicos con motivos de pesca situados en el piso y un curioso sistema de ventilación en la planta baja. El Palacio de Anfitrite con uno de los más bellos mosaicos donde se aprecia a Amphitrite cabalgando acompañado de Neptuno. El Teatro con su escenario y galerías en buen estado y el mosaico del oso en la orquesta como máximos atractivos. El Jardín Público, originalmente rodeado de un foso, con tres salas que conservan el piso de mármol. El Opus Reticulatum, antigua basílica, es el monumento más antiguo del enclave arqueológico.

Situada a 100 kilómetros de Túnez, en Dougga, la antigua Thugga, se encuentran las ruinas mejor conservadas del norte de Africa. Aquí la imaginación no será necesaria ya que un paseo por las construcciones será como un verdadero viaje al pasado. Las ruinas están emplazadas en una colina de olivares y la visita comienza con el Teatro del siglo II a.C. con una fachada de bellas columnas corintias y un escenario revestido de mosaicos aunque de pequeño tamaño pues solo tenía aforo para 3.500 personas. También del siglo II es la Plaza de la Rosa de Los Vientos, construcción rectangular que se cierra en un hemiciclo con un piso en el que se puede contemplar una gran rosa con los 12 vientos grabada un siglo más tarde.

Al norte se levanta el Templo de Mercurio, con 10 columnas, tres salas y las bases de lo que fuera el Templo de la Fortuna. Desde ahí se puede contemplar el majestuoso Capitolio muy bien conservado y dedicado a Júpiter, Juno y Minerva. Se accede a él a través de un bello pórtico y después de subir una escalinata de impresionante tamaño, se llega a los pies de la impresionante construcción. Seis columnas sostienen el friso y la sala cuadrada que alojaba las estatuas de las divinidades de enormes proporciones, aproximadamente unos 6 metros según se ha podido saber por los restos de una cabeza de Júpiter encontrada en este enclave. Alrededor de él se encuentran algunas construcciones bizantinas, y muy próximo, el Forum, de pequeño tamaño, reconstruido totalmente por los bizantinos. Desde aquí puede verse el Arco de Alejandro Severo, del siglo III, y, también del siglo III, el Templo de Juno Celeste con podio y columnas restauradas.

Destacan también las Cisternas de Ain el Hammam, con cinco depósitos de más de 30 metros de largo y más de tres metros de ancho, la Casa de Dioniso y Ulises, con un patio rodeado por una galería, los Dólmenes cercanos a los restos del Templo de Minerva, el Circo del siglo III, el Templo de la Victoria con hermosas columnas, la Casa de la Caza con bellos mosaicos, el Templo de Tellus, del siglo III, la Casa del Trifulium antiguo lupanar de la villa cuyo camino está indicado por un gran falo y como curiosidad golpear la vulva pétrea con la que los clientes llamaban a la puerta, también resultan muy curiosas las letrinas de las Termas de los Cíclopes dispuestas en círculo, las Termas Licinianas conservan el caldarium, el frigidarium y un gimnasio y cuentan con la peculiaridad de estar construidas, en el siglo III, a seis metros bajo la calzada, la Casa de Eros con un bello mosaico del siglo IV, el Templo de Saturno construido en el año 195 con unas curiosas bóvedas subterráneas y el Mausoleo Líbico-Púnico, único en su estilo, con una altura de 21 mt en cuya máxima altura se puede contemplar una pirámide con la estatua de un león y mujeres aladas.
Son también de interés en los alrededores el Acueducto de Ain el Hammam y el Henchir Guettussi con atractivos restos de cisternas y columnas.

Nabeul

Al norte de Hammamet, a tan sólo 10 kilómetros, se encuentra la capital administrativa de Cabo Bueno, Nabeul, conocida tanto por sus espléndidas playas como por su artesanía en cerámica, bordados, puntillas o perfumes. Los viernes se instala un mercado en el que se pueden adquirir todo tipo de artículos artesanales como telas, tapicerías, cerámica, objetos de hierro forjado, cuero, cestería, espartería, bordados y puntillas, perfumes de azahar o rosa y productos agrícolas. Especialmente sorprendente puede resultar la venta de camellos y, como no, su alfarería, procedente del siglo XVI, esmaltada con plomo y decorada con dibujos geométricos de óxidos de cobre, cobalto y manganeso, entre otros. Frente a la ciudad se extiende una playa con excelentes hoteles en los que resulta maravilloso relajarse tomando el sol o practicar distintos deportes acuáticos.

La Región Central

En esta zona de Túnez se encuentran las antiguas capitales musulmanas. Ofrece también, zonas para el turismo recreativo y cultural. De hecho el territorio del Sahel es uno de los más prósperos del país y, por todo ello, bien merece una visita. El recorrido por el centro comenzará en Sousse, conocida popularmente como "la Perla del Sahel", para continuar por Monastir, Mahdia, El Djem, Sfax, Islas de Kerkennah, Sbeitla y Kairouán.

Sousse y Port El Kantaoui

Situada en el Sahel, palabra que quiere decir orilla, Sousse es la tercera ciudad en importancia de Túnez. Fundada por los fenicios en el siglo IX a.C., esta preciosa ciudad marítima, además de poseer excelentes infraestructuras turísticas, cuenta con una zona histórica de gran relevancia. Tras varios saqueos, la ciudad ha sido testigo de conflictos y caídas entre cartagineses, romanos y vándalos, hasta que los árabes le devolvieron su esplendor. En la actualidad, Sousse es la ciudad balneario por excelencia con unas temperaturas cálidas durante todo el año que varían de 11 grados en invierno a 25 en verano lo que hacen de esta villa con maravillosas playas un verdadero sueño para los visitantes, pero lo mejor, es que a estas excelencias se unen numerosos lugares de interés que complementan el atractivo de la Perla del Sahel.

Para comenzar la visita el mejor lugar es La Medina, bien conservada y rodeada de murallas del año 860 fue construida por Ibrahim Mohammed, restaurada posteriormente por los hafsíes y bombardeada durante la II Guerra Mundial. Entre sus callejuelas es fácil encontrar la Gran Mezquita del año 851, que sirvió de fortaleza según se aprecia por sus gruesos muros y por sus dos torres redondas que sirvieron de defensa, una de ellas ejerce las funciones de minarete y está rematada por una hermosa cúpula. Sus salas de oración y pórticos se apoyan sobre pilares de piedra y no sobre columnas siendo éste un elemento característico del edificio.

Muy cerca de la mezquita y de la Puerta de Bab al Bahar, puerta de acceso a la Medina que se encuentra prácticamente derruida, se encuentra el Ksar el Ribat, uno de los monumentos más significativos del Magreb. Construido en el siglo VIII sobre las bases de una antigua fortaleza bizantina, aquí vivían los murabit, soldados fieles y creyentes. El edificio, sencillo pero no por ello menos bello, ha sufrido varias restauraciones que han sabido respetar su estructura original. La construcción es de planta rectangular con torres semicilíndricas que servían de torres vigías y que, en la actualidad, permiten contemplar unas excelentes vistas de la ciudad. En la planta baja se pueden ver las celdas de los monjes guerreros que rodean el patio en varias alturas, estos monjes eran escogidos por su santidad para defender la ciudad de las incursiones cristianas. En la parte superior, se halla una de las primeras salas de oración del norte de África. Continuando el recorrido se llega a la Zauia de Zakkak con un espléndido minarete octogonal que aunque no es posible contemplar en su interior bien merece una visita como también la merece la Mezquita Abd el Kader en el que destaca su pórtico de cerámica esmaltada.

En sus alrededores se encuentran numerosos zocos con un ambiente muy especial repleto de colores y sonidos que sumergen al visitante en otro mundo. Se pueden adquirir tejidos, mantas de lana, tallas en madera de olivo, distintos objetos de cobre esmeradamente cincelados, joyas de oro y plata con atractivos diseños, etc. y después de disfrutar con las compras nada mejor que descansar en el Café Kahouat El Koubba, del siglo XI, con una hermosa cúpula y un no menos delicioso té. Siguiendo el intrincado y exótico recorrido se llega a la Kasba, construida durante varios siglos, es el punto más alto de las murallas. En su interior destacan la Torre, del año 859, con 30 mt de altura desde la que se disfruta una panorámica de la ciudad realmente admirable y el Museo, el segundo en importancia después del Bardo de la capital tunecina, en donde se pueden contemplar excepcionales mosaicos en los que se puede apreciar la historia y la mitología grecorromana, esculturas, pavimentos de importancia como "Sátiros y Bacantes" del siglo II, medallones, estelas funerarias, bajorrelieves, lápidas, sarcófagos, cerámicas, frescos y pinturas, lámparas romanas, inscripciones, y otros restos arqueológicos de gran interés. Es importante recordar que no se permite fotografiar a menos que se pague en la entrada una módica cantidad para poder hacerlo y siempre sin flash ni trípode.

Son también de interés la Cisterna de Safra, con una capacidad de 3.000 metros cúbicos es una construcción realmente espectacular, la Mezquita de Sidi el Ammar, de pequeño tamaño con una hermosa decoración y la Mezquita de Bou Fatata, del siglo IX, muy sencilla.

A 5 kilómetros de Sousse, se encuentran las Catacumbas Cristianas del siglo III, con más de 15.000 tumbas dispuestas en dos o tres pisos con una altura que oscila entre uno y tres metros y más de 240 galerías. Para recorrer el lugar es recomendable llevar una linterna y no ceder al cansancio ya que la visita se realiza por un itinerario de un kilómetro dentro de los cinco que ocupan totalmente.

Port El Kantaoui

A algo más de 5 kilómetros hacia el norte se encuentra Port El Kantaoui, un centro turístico de primera categoría inaugurado en 1979 que cuenta con elegantes hoteles, calles tranquilas por las que pasear y varias instalaciones deportivas como un campo de golf con 18 años, canchas de tenis, etc., casino y otros atractivos lo convierten en un pequeño paraíso. Como curiosidad se debe visitar el barco en el que Roman Polansky rodó la película "Piratas" que se encuentra amarrado en el puerto.

Monastir

A 24 kilómetros de Sousse y en el mismo Golfo de Hammamet, se localiza Monastir, cuna de Bourguiba, padre de la patria. En la antigüedad fue un importante puerto fenicio llamado "Rus Pena" y hoy es un enclave turístico donde se conjuga el pasado y el presente de forma paradójica.

Destacan entre otros puntos su maravilloso Ribat del siglo VIII, que en la antigüedad sirvió como lugar de enseñanza, formación militar y almacén de guarniciones y en la actualidad, tras varias restauraciones que han variado su aspecto original, aparece con conjunto arquitectónico que mezcla distintos estilos ortorgándole una configuración extraña pero no por ello menos hermosa. En el patio sobresale la atalaya del vigía, que tras subir sus 87 escalones ofrece unas excelentes vistas de la ciudad y resultan, también interesantes, las celdas de los monjes guerreros situadas alrededor del patio. Y en esta zona se encuentra el Museo en el que se pueden admirar manuscritos cúficos, vasos fatímidas, cerámicas abasidas, monedas del siglo XI, y hermosas miniaturas de gran interés entre las que destaca un astrolabio árabe realizado en el año 927 en la española ciudad de Córdoba.

Muy próximo a esta fortaleza se encuentra el Mausoleo de la Familia Bourguiba, construido en 1963 y ampliado posteriormente, está flanqueado por dos minaretes de 25 metros de altura y con una espectacular cúpula dorada. Es el lugar en el que están enterrados el Presidente y su familia. La Mezquita de Bourguiba, inspirada en la de Hammuda Pachá de Túnez, impresiona por su capacidad para más de mil personas en la Sala de Oración, por sus 39 preciosas puertas labradas y por sus 86 columnas de mármol rosado en las que descansas sus bóvedas.

No se puede dejar de visitar la Gran Mezquita, del siglo IX, que sobresale por su austera decoración y el Cementerio en el que destaca la Kubba de Sidi el Mezeri en cuya fachada se pueden contemplar unas impresionantes inscripciones en caracteres cúficos. Monastir tiene otros atractivos como el Puerto Deportivo, y sus aguas turquesas y sus playas de blanca arena, donde podrán practicar diversos deportes acuáticos.

Otros lugares de interés en los alrededores son los Jardines y la Residencia Presidencial de Skanes, para su visita se necesitan un permiso especial, en los que destacan la decoración de cerámicas del palacio; los hermosos Acantilados de El Kahlia; la iglesia bizantina de Lamta y los hermosos chales confeccionados a mano en Ksar Hellal.

Mahdia

Ocupando el angosto Cabo de Africa, Mahdia ha sido siempre un punto estratégico por su posición geográfica. En la actualidad se puede recorrer esta villa dando un agradable paseo en el que, no tardando, aparecerá su Gran Mezquita, construida en el año 921 fue la primera realizada por los fatimíes. Posee una entrada con un porche monumental que recuerda a una fortaleza, la Sala de Oración cuenta con nichos a los lados típicos de la arquitectura fatimí y su mihrab es una reconstrucción del edificado por los ziríes del siglo XI.

Después de la Skifa el Kahla, oscuro pasadizo, es una puerta que pretendía asustar e impresionar a la gente que accediera a la antigua ciudad y que, en la actualidad, está ocupada por un animado zoco. Un poco más allá se encuentra el Museo del Tapiz donde se puede ver una colección de vestimentas tradicionales y los instrumentos de necesarios para confeccionar este arte. Horario: de 9.00 a 12.00 h. y de 14.00 a 17.30 h. Cerrado los lunes. También resulta interesante el Museo de la Artes y Tradiciones Populares alojado en una casa típica de la burguesía de la ciudad en la que se puede contemplar los objetos y enseres utilizados por ellos.

Por último se puede visitar el Borj el Kébir, del siglo XVI, una fortaleza que cuenta con salas abovedadas y desde la que se pueden disfrutar excelentes vistas. Resultan interesantes también las tumbas chiitas del siglo X, y en los alrededores, los Mausoleos de Ksar Essaf, la necrópolis púnica de El Alia y el Cabo de Butria.

El Djem

Dejamos por unos momentos el litoral para dirigirnos a El Djem (El Jem), pequeña ciudad cuyo máximo atractivo es su maravilloso Anfiteatro que majestuoso y excelentemente conservado está considerado como el primer edifico de estas dimensiones del norte de África y el sexto de todo el Imperio Romano. Obra del emperador Gordiano del siglo III acogió espectáculos sangrientos entre gladiadores y fieras y, como no, entre fieras y cristianos. De forma elíptica tiene casi 150 metros de largo y 36 metros de altura y una capacidad para treinta mil espectadores dispuestos en tres pisos con 60 arcadas corintias y que no contaban con podium que los separase de la arena. Bajo su construcción, se encuentran dos galerías en forma de cruz con bóvedas donde se albergaban las fieras, combatientes y condenados. El Coliseo continua firme al paso del tiempo.

Sfax

Sfax es la segunda ciudad del país, después de Túnez, y constituye el puerto más importante del país y un no menos importante enclave industrial. Esta villa tiene un aspecto europeo y conserva numerosos lugares históricos de interés.
   
Como en la mayoría de las ciudades la visita puede iniciarse en La Medina, rodeada por unas murallas que son una reconstrucción y cuya entrada principal es Bad Diwan, edificada en 1306 y bombardeada durante la II Guerra Mundial. También se conserva una torre de vigilancia, El Nadhum, y paseando por la calle Mongui Slim, con hermosas puertas, se accede al Museo de Artes y Tradiciones Populares, alojado en el Palacio Dar Jalluli, que acoge, alrededor de un patio, una excelente colección de la artesanía de la región donde se puede apreciar la historia de un pueblo a través de los vestidos como trajes de boda, destilerías de jazmín y azahar, joyas, cerámica, utensilios domésticos y aparatos para la preparación del khol que según la tradición se realiza con sulfuro de antimonio, una almendra cocida, una perla y un trocito de coral todo ello triturado y humedecido en azahar.

La Gran Mezquita del siglo IX sobresale del resto de edificios de la Medina por su minarete formado por tres torres superpuestas y decorado con diversos motivos. Antes de abandonar la Medina merece la pena callejear por los distintos zocos, muy interesantes ya que se diferencian de otros bazares por estar situados en el primer piso en lugar de a ras de tierra. Destacan el Zoco de Djama en donde se venden especias y hierbas, el Zoco de los Forjadores en donde los artesanos aún trabajan con forjas antiguas, el Zoco Atarrime se pueden encontrar especias, telas y vestidos, el Zoco de los Tintoreros con telas teñidas de hermosos colores y el Zoco de los Zapateros.

Fuera de la Medina, en el centro de la ciudad moderna, se halla el Museo Arqueológico, situado en el Ayuntamiento, en el se exhiben mosaicos paleocristianos, manuscritos cúficos de los siglos XI y XII, lámparas de aceite desde la época púnica hasta la romana, y distintos objetos de la época romana. Horario: de 9.00 a 12.00 h. y de 15.00 a 18.30 h. de abril a septiembre y de octubre a marzo de 14.00 a 17.30 h. Cerrado los lunes.

Islas Kerkkenah

Enfrente de Sfax se encuentran las Islas Kerkkenah, formadas por la Isla Gharbi y Chergui, unidas entre sí por una calzada romana. Se accede a ellas por medio del transbordador que parte del embarcadero de Sfax. Es un lugar tranquilo donde podrá observar de cerca la vida de los pescadores.

Sbeitla

Situada en el centro del país, y muy próxima a Kasserine, se localiza la ciudad de Sbeitla, la antigua Sufetula romana. Sus restos arqueológicos son su máximo atractivo y se encuentran dispersas por todo el poblado. El recorrido se inicia en el Arco Triunfal de Diocleciano, al sur de la ciudad, del siglo III d.C., a continuación dos fuertes bizantinos y el Forum, muy bien conservado, con 60 metros por 70 metros, del siglo II. La Puerta de Antoninos, con dos columnas corintias, abre a los Tres Templos dedicados a Júpiter, Juno y Minerva del siglo II y tras el Forum, tres iglesias entre las que destaca la Iglesia de Vitalis, con cinco naves, que conserva una gran pila bautismal decorada con motivos diversos de mosaico blanco, una cruz bizantina y restos de mosaicos, la segunda es la Capilla de San Jocundo y la tercera la Iglesia de Bellator en la que se puede contemplar un baptisterio curvo. En la zona se encuentran el Edificio de las Estaciones con una hermosa columnata, el anfiteatro y las Grandes Termas, que tuvieron dos salas de agua caliente y dos salas de agua fría.

Kairouan

De Sbeitla, en dirección hacia Sousse, se encuentra la ciudad árabe más antigua de Túnez: Kairouán, la capital religiosa del Magreb, considerada como la cuarta Ciudad Santa después de La Meca, Fez y Jerusalén.

Como antigua capital del reino Aglabida se desarrolló fuertemente y sus principales construcciones datan de este período. A pesar de que los Hafsidas trasladaron su capital a Túnez, Kairouan, traducido literalmente quiere decir Plaza fuerte, siempre conservó su santidad como ciudad.

Aquí no existe una ciudad moderna y los paseos por sus calles, sus murallas, las zauias, lugares religiosos, o por sus zocos son elementos que cautivan de forma inmediata. No existe otra ciudad árabe igual.

Se recomienda iniciar la vista en la Gran Mezquita, la joya del arte norteafricano, que data del año 671. Desde entonces ha sufrido restauraciones y añadidos que le han otorgado una estructura peculiar. Su gran minarete, del año 730, tiene forma cuadrada y está formado por tres partes superpuestas, coronado en una sobria cúpula, erigiéndose sobre la llanura con sus 35 metros de altura. Por su severo exterior la mezquita parece más una fortaleza que un edificio religioso pero al cruzar el pórtico aparece un gran patio rodeado por innumerables arcos conformando un hermoso pórtico con un curioso reloj de sol. La Sala de Oración, similar a la de Córdoba, posee 17 naves, una puerta del siglo XI y un bosque de columnas bizantinas y romanas. El Mihrab, un pequeño ábside que indica la dirección de La Meca, con 130 placas de cerámica traída especialmente de Bagdad en el siglo IX, el Minbar, púlpito de la Gran Mezquita de madera labrada, y la Maksura, recinto del 1022 en el que rezaba el dirigente del momento, son el centro de la oración. Las Tumbas, a la entrada de la Gran Mezquita son del siglo XII y resultan impresionantes por sus formas y su impactante color blanco, sin olvidar el Museo de la Mezquita, enfrente de la misma, donde se exhiben distintos objetos como manuscritos, una copia del Minrab, una sala de abluciones, cerámicas y planos.

Destacan también la Mezquita del Barbero, remodelada en varias ocasiones, con un minarete de estilo andalusí, una medersa, muros cubiertos de azulejos, espléndidos artesonados esculpidos en madera de cedro y dos ventanas neoclásicas italianas, desde ella se alcanza el Mausoleo con verdaderas maravillas como huevos de avestruz de más de cincuenta años, libros sagrados, magníficas alfombras y no menos magníficos tapices e increíbles lámparas, y los Estanques de los Aghlabíes del siglo IX con 128 metros de diámetro.

De nuevo se entrará a La Medina y puede hacerse por la Puerta de los Mártires, de 1772, de doble arcada con capiteles bizantinos y continuar hasta la Zauia de Sidi Abid el Ghariani donde se acogen los restos del santo fallecido en 1402. Otra vez fuera, las calles de esta ciudad árabe sorprenden por su encanto y en el paseo aparecen otros lugares de interés como el curioso Bir Baruta, un pozo del siglo VIII en el que un dromedario hace girar una noria, la Zauia de Sidi Amor Abbada, conocida popularmente como Mezquita de los Sables, en el que se guardan los restos de un santo herrero y cuyo máximo atractivo arquitectónico son sus cinco cúpulas y la Muralla cuyos ladrillos fueron utilizados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial para realizar una pista de aterrizaje para sus aviones.

No se pueden dejar de recorrer sus zocos del siglo XIII aunque han sido remodelados en varias ocasiones. En ellos se puede adquirir una artesanía variada con diferentes artículos como cerámicas, cobre, tapices, alfombras, perfumes, cuero y joyas, entre otros. Resulta imprescindible una visita a la Mezquita Jama Tleta Bibane, de las Tres Puertas, situada dentro del Zoco del Cuero, en uno de los edificios más antiguos de la ciudad. De pequeño tamaño cuenta con una hermosa decoración en la fachada.

En los alrededores merece la pena ver el complejo arquitectónico palaciego de Reqqada situado a 9 kilómetros y la Laguna Salada Sbkha de Sidi el Hani con 34 metros de largo y 20 kilómetros en su parte más ancha.

El Sur de Túnez

Esta es la región típicamente beréber de Túnez y en ella se puede disfrutar con paisajes muy distintos a los recorridos hasta ahora. Llanuras, desiertos con doradas dunas, poblados típicamente beréberes y algunos centros turísticos son los elementos característicos de esta zona. Se recorrerán por este orden Gabes, Matmata, Isla de Djerba, Medenine, Tataouine, Chenini, Douz, Chott el Djerid, Tozeur, Nefta, Chebika, Tamerza, Mides y Gafsa.

Gabes

Situada en el litoral del golfo del mismo nombre, Gabes destaca por ser el mayor oasis costero y la puerta de entrada al sur de Túnez. Un paseo en calesa por el oasis, de seis kilómetros de largo y dos de ancho, entre las más de 300.000 palmeras, bananos, naranjos, albaricoqueros, limoneros, perales u olivares es toda una experiencia. Descubrir las aldeas escondidas en él también resulta fascinante, las más importantes son Chemini, Sidi Merouane, Nahal, Oulef el Haj y El Maita. No resultan menos interesante sus aguas termales conocidas desde tiempos de los romanos y su curioso mercado en el que se pueden encontrar especias, forjas, frutos secos entre los que destacan unos dátiles de extraordinaria calidad, joyas, henna, goma, esteras y telas, entre otros artículos.

En la ciudad destacan la Gran Mezquita, de 1952, el Centro Artesanal, el Barrio de Jara, con mucho ambiente y la Mezquita de Sidi Driss con columnas del siglo XI. Sin embargo la construcción más importante está situada fuera de Gabes y, también la más antigua, es la Mezquita de Sidi Boulbaba con un precioso patio de columnas y baldosines decorados. En su Sala de Oración, recubierta con tapices, se halla la tumba del santo patrón de la ciudad. A su costado se encuentra el cementerio, con las peculiares tumbas de color blanco y una antigua medersa, convertida en Museo de Arte y Tradiciones Populares del sur del país. Como curiosidad se debe visitar el Zoo con animales tan peculiares como escorpiones, serpientes, cocodrilos y tortugas, entre otras especies.

Matmata

Siguiendo hacia el oeste por el oasis de Gabes a 20 kilómetros se llega a Matmata, celebre por sus casas trogloditas. Localizada en una pequeña cordillera, sus habitantes, en su mayoría beréberes, han construido las viviendas bajo tierra, excavando la arena arcillosa buscando temperaturas más agradables y constantes. Las cuevas se disponen en círculo alrededor de un foso, con una profundidad de 10 metros, por lo que cuando uno se va acercando pareciera que nadie viviera por esas zonas. El reciente turismo ha originado una fuente de recursos, con lo que los matmatís enseñan sus viviendas y aprovechan para mostrar sus originales artesanías.

En los alrededores se encuentran otros centros trogloditas como Tijma, habitada por beréberes cuyas mujeres tienen el pelo naranja teñido con henna y tatuajes realizados también con este tinte, Beni Aissa, Techine, donde resalta su mezquita de color blanco y el mobiliario de sus casas trogloditas y Tujane que destaca por sus chales y su miel.

Isla de Djerba

La Isla Djerba es la mayor isla del norte de Africa situada al sur del Golfo de Gabes y está unida al continente por el ferry que parte de Djorf hacia Aim y por una calzada romana de 7 kilómetros que une la isla al continente arribando en El Kantara, un fondeadero muy apreciado por los pescadores de la isla. Es uno de los sitios más bellos y tranquilos de Túnez, cuyo tipo de hábitat 'El Menzel', típicas explotaciones agrícolas rodeadas de chumberas en cuyo centro se haya la casa construidas como fortalezas, no tiene equivalente en todo el país. Está habitada por cerca de 90.000 beréberes que han hecho del archipiélago un verdadero paraíso. La isla cuenta con una extensión de 514 kilómetros cuadrados con 25 kilómetros de largo y 22 de ancho y un litoral de 125 kilómetros y la mayoría de sus habitantes se dedican a la agricultura y a la pesca, sin embargo, la industria del turismo también ha calado hondo. Las playas son una verdadera delicia con arenas doradas y blancas y aguas transparentes rodeadas por palmeras en una imagen que se corresponde con el placer mismo y con una fauna marina con especies como meros, rayas, almejas, lenguados, langostinos, doradas, salmonetes y pulpos, entre otros, que hacen las delicias de los amantes del buceo o del submarinismo y la pesca.

La capital de la isla es Houmt Souk, la villa más poblada de la isla y en donde se pueden hallar todos los servicios necesarios. Como lugares de interés en la capital destacan la Mezquita de Sidi Brahim el Jamni, del siglo XVIII con un diseño que se asemeja a un fuerte austero, a su lado se puede disfrutar con un típico Hamman, baño turco, que sólo puede ser visitado por los hombres por la mañana y por las mujeres por la tarde, la Mezquita de los Extranjeros, también del siglo XVIII, cubierta de cúpulas y con un minarete bellamente esculpido y la Mezquita de los Turcos rematada por un llamativo minarete con tres tumbas otomanas. En toda la isla existen 213 mezquitas y todas son de culto wahabita, por lo que sus alminares son bajos, a diferencia del resto del país de rito malekita con alminares altos.

El Borj el Kebir, una fortaleza árabe del siglo XV levantado al borde del mar. Aquí tuvieron lugar los enfrentamientos entre los turcos y las tropas de Felipe II. Merecen especial atención la sala en la que se exponen distintos objetos de su existencia, el foso, un puente del siglo XI, sus cuatro grandes torres y el Mausoleo de Sidi Ghazi Mustafá, director de la reconstrucción del fuerte llevada a cabo en el siglo XVI.

No se puede dejar de visitar el Museo de las Artes Tradicionales, situado la Zauia de Sidi Zituni, un bello edificio con hermosas salas y cúpula alveolada, donde se exhibe una colección de joyas árabes y judías, trajes tradicionales tanto árabes como judíos y beréberes, cerámicas y los hornos en los que se llevaba a cabo esta artesanía, objetos de uso cotidiano como jarras para almacenar grano y aceite y un telar.
   
Antes de abandonar la capital se debe hacer mención de los zocos situados en el centro de la villa. En los zocos callejeros se pueden adquirir hermosas joyas con diseños bizantinos, en las galerías cubiertas se pueden adquirir tejidos, alfombras y tapices de gran calidad, y resultan muy atractivos los zocos de los alfareros con hermosas piezas y el de los peleteros donde se pueden comprar artículos de cuero. En las antiguas fondas que conservan su espíritu de hospedería se han instalado también, alrededor del patio, algunos artesanos.

Después de abandonar la capital el recorrido continúa por Menix, ciudad fundada por los fenicios del siglo X y de la que aún se conservan restos tan importantes como una basílica cristiana. Cercana se encuentra la Mezquita de Barchucha y un poco más allá, se localiza el pueblo de casas blancas con atractivas cúpulas que se divisan a lo largo de un palmeral, es Seduikech. En El May destaca su mezquita de tipo fortaleza tan característica de esta isla.

En la isla destaca el poblado de Er Riadh, donde se concentran el mayor número de judíos de Túnez y donde se puede admirar, aunque le parezca increíble, la Sinagoga de Ghriba que guarda una de las Toras más antiguas del mundo. Su decoración interior es barroca con esmaltes y cerámicas contando además con hermosas vidrieras de colores. Aquí, en esta isla, han convivido pacíficamente musulmanes y judíos por muchos siglos, y de hecho otro asentamiento judío es Suani, habitado por más de 300 israelitas, que fue fundado por ellos en el siglo VI a.C. Ya en dirección hacia el continente se encuentra Guellala, famosa por sus trabajos en alfarería, donde se pueden adquirir las mejores piezas del país. En la isla destacan, además, las poblaciones de Midoun, famosa por su mercado del viernes y por sus olivares y Mahboubine con una interesante mezquita, todo ello sin olvidar las maravillosas playas donde podrá disfrutar de un placentero baño en unas aguas color turquesa como la playa de Sidi Mahares y la playa de Sidi Bakur, entre otras.

Dejando la isla en dirección al sur se encuentra Zarzis, el último puerto de Túnez antes de llegar a Libia, que destaca por sus aguas transparentes ideales para la pesca submarina, sus esponjas marinas, su pequeño oasis y sus hermosas playas.

Medenine, Tataouine, Chenini y los Ksarbe

Medenine es una pequeña ciudad dividida por un río, de ahí su nombre "Las Dos Ciudades" que se encuentra a medio camino entre la Isla Djerba y Libia. El barrio situado al oeste es la zona más moderna y es donde se encuentran las oficinas, los bancos, etc., y, al este, lo más interesante, las ghorfas.

Su máximo interés reside en sus 'ghorfas', especie de graneros del siglo XVII que servían también como viviendas de las tribus nómadas beréberes y que se construían de forma yuxtapuestas, de cinco pisos de altura, estrechas, profundas y abovedadas, normalmente 9 metros de largo, 2 de alto y 2,5 de ancho. En conjunto forman los 'ksars', los castillos del desierto, que tenían varias funciones: guardar los granos, servir como refugio en épocas de guerra y como mercado en tiempos de paz. Durante las migraciones los beréberes pagaban a unos guardas para que vigilaran sus pertenencias mientras ellos viajaban de un destino a otro. Los ksars pueden ser de montaña como el de Ouled Haddada o de los llanos como el de Medenine.

Tataouine

Tataouine, a 50 kilómetros de Medenine, es una pequeña población que sirve de punto de partida para visitar otros pueblos de los alrededores. Destacan sus días de mercado, los lunes y los jueves, cuando los beréberes se acercan para comprar y vender todo tipo de mercancías como los populares barnús, echarpes de color rojo realizados a mano con atractivos diseños basados en sus propios tatuajes beréberes, y también, como no, camellos, y el Jardín de la Delegación, donde se encuentran algunos restos de estatuas y troncos fósiles.

Chenini

A 17 kilómetros se encuentra Chenini, la joya de la región, donde los contrastes son la nota predominante. Enclavado en la ladera de una cadena montañosa, Chenini, que data del siglo XI, se descubre majestuosa, protegida por antiguas fortificaciones y por agrestes rocas. Se trata de un conjunto de viviendas excavadas dentro de las rocas en diferentes niveles y tiene su origen en la formación de un antiguo ksar. Destaca, dentro de la villa, el minarete de su mezquita. Muy cerca se encuentran una Mezquita Subterránea donde según la leyenda descansan los restos de los durmientes beréberes cristianos en diez tumbas de doce pies de largo y los graneros fortificados, las ghorfas.

Ksar Ghilane

Desde Chenini y a través de un camino imaginario se puede pernoctar en Ksar Ghilane, un modesto oasis cercado por las dunas del gran Erg y el más sahariano de los oasis, antes de continuar el camino hacia Douz.

Chott El Djerid

Los chott, son característicos por la ausencia de cualquier tipo de vegetación siendo depresiones salinas que por la mezcla de esta sal con el barro y la arena forman un suelo arcilloso donde el agua emerge en algunas zonas, produciendo la sensación de tratarse de un mar. En esta zona los espejismos son muy comunes, sobre todo cuando la temperatura sobrepasa los 30 grados, pudiendo llegar a verse desde una caravana de camellos hasta incluso un oasis o un pozo con agua.

Los más importantes son el Chott El Djerid o Lago Salado del Djerid. Es el más grande de todos y se extiende al norte del Sáhara, desde la región de Gabes hasta Argelia, dividiendo la zona tunecina en dos partes. Este lago se encuentra a unos 20 metros sobre el nivel del mar. Durante el recorrido por este Chot se pueden ver los canales que bordean la carretera, mostrando la diversidad de colores del agua que van desde el rojo al blanco, azul o verde entre otros, así como el lugar donde hace años broto un manantial que provoco el hundimiento de parte del mismo. Después de cruzar esta gran extensión se llega a los frondosos oasis de Bled el Djerid o país de las palmeras. El Chott Fejej, prolongación del Djerid y el Chott Gharsa.

Desde Douz en dirección hacia Tozeur, pasando por Kebili, existe una carretera que cruza el Chott El Djerid donde disfrutará de un juego de colores espectaculares que dependerá de la composición de los minerales y de la densidad del agua que brote de los manantiales.

Tozeur

Tozeur es la capital de la región y se encuentra entre el Chott El Djerid y el de Gharsa. Es uno de los oasis más conocidos por sus magníficos palmerales con 200.000 árboles y 325.000 palmeras que ocupan más de 1.000 hectáreas que ofrecen unos deliciosos dátiles denominados "Deglet en Nour', conocidos popularmente como 'dedos de luz' y por su peculiar y ancestral sistema de regadío compuesto por 200 manantiales que se unen en el Ras el Aiun, de aguas calientes.

En la ciudad destacan las viviendas construidas con adobe, ladrillos sin cocer, decoradas con diseños geométricos y paseos abovedados ideales para pasear en la penumbra y huir del sol.

El paseo puede continuar por la Medina, con calles oscuras y barrios tradicionales del siglo XIV bien conservados con fachadas de ladrillos amarillos formando atractivos diseños geométricos. En este recorrido hallaremos la Zauia de Sidi Bu Aissa sede del Museo de Artes y Tradiciones Populares, donde se exhiben numerosos objetos, trajes tradicionales, aldabas de puertas con distintos y peculiares sonidos y utensilios de la vida cotidiana como el arcón en que la novia guardaba el ajuar, cerámicas y manuscritos en donde se puede leer el horario de la distribución del agua en el oasis en el siglo XIII. Cercana se encuentra la Medersa de Sidi Abdallah Bu Said o "Del Buey" y un poco más allá aparece el Museo de Arte y Tradiciones Islámica 'Dar Cherat', ubicado en un hermoso palacio con un patio en el que se abren las distintas salas en donde se pueden contemplar maravillosas joyas, armas, cristal tallado en objetos para distintos usos, pinturas sobre cristal, cerámicas, esmaltes y la sala dedicada a los Beys con su pieza cumbre, un maravilloso reloj de diamantes.

Fuera de la Medina merecen una visita la Mezquita de Sidi Muldi y el Zoo de Si Tijani que reúne diversas especies propias del desierto como leones, mandriles, camellos, gacelas, hienas, pavos reales, víboras, zorros del desierto, jabalíes, o escorpiones.

Alrededores de Tozeur

En los alrededores vale la pena realizar un paseo por el oasis hasta Bled el Hader, donde se encuentra la Gran Mezquita del siglo XI con decorados hispano-magrebís y la Tumba de Ibn Chabbat que fue el constructor de la mayoría de las canalizaciones del regadío del oasis. El paseo debe continuar hasta Belvedere, una pequeña colina donde brotan múltiples fuentes y desde donde se obtienen excelentes vistas de la zona incluyendo las doradas dunas del Sáhara; el Oasis El Oudiane con 220.000 palmeras y el Hamman del Jerid con 110.000 palmeras y seis fuentes termales de aguas calientes.

Nefta     

Conocida como la 'Perla del Jerid', Nefta fue la antigua Nepte romana y se caracteriza por sus fuentes termales y por su espléndido oasis. Nefta es un importante centro de peregrinación, el segundo del país, debido a sus 24 mezquitas y los más de 100 morabitos con que cuenta. Además ofrece al visitante el encanto de sus calles y el edén de La Corbeille, conocido como La Cesta de Palmeras, el majestuoso oasis que cuenta con más de 400 mil palmeras rodeado por paredes rocosas desde donde brotan innumerables manantiales recogidos en dos canales que después se convierten en uno en el que habitan numerosas especies de peces. Los dátiles "Dedos de Luz" son sencillamente deliciosos. No hay que dejar de visitar el Mausoleo de Sidi Bu Alí, santo que según la leyenda trajo a este lugar la primera palmera, los antiguos hornos de ladrillos, los telares en los que trabajan las mujeres y la Mezquita de Sidi Salem, la más antigua de la ciudad, desde la que se puede admirar una hermosa panorámica de la zona.

Chebika, Tamerza y Mides

Son los oasis de montaña y están situadas al norte de Tozeur entre áridas y abruptas montañas cerca de la frontera argelina.

Chebika

Chebika, situada a 53 kilómetros de Tozeur, fue un antiguo puesto defensivo de los romanos, destaca por sus espectaculares paisajes y por sus escondidas casas construidas en piedra y adobe situadas en la ladera de la montaña. Muy cerca se encuentra una espléndida cascada que, como ironía, cae abundantemente entre la aridez del entorno.

Oasis de El Khanga, a 5 kilómetros de Chebika, de pequeño tamaño que sobresale en un paisaje extremadamente árido con gargantas de más de 150 metros de altura.

Tamerza

Tamerza, 14 kilómetros al norte de Chebika, es un precioso oasis y fue la Ad Turres romana y un obispado cristiano durante la época bizantina. La ciudad antigua está abandonada pero cuenta con varias tumbas de santos de interés y, sobre todo, con varias maravillosas cascadas, unos hermosos jardines y las espectaculares gargantas de la montaña que cuentan con la peculiaridad de cambiar de color a medida que la luz del día varía alcanzando distintos tonos como el blanco, rojo o violeta.

Mides

Finalmente, Mides, pequeño pueblo suspendido sobre un oasis en lo alto de una garganta y desde donde se divisa un desfiladero de más de 60 metros También fue un antiguo asentamiento romano y estuvo habitado por los beréberes que construyeron sus casas en la ladera del desfiladero resultando espectacular comprobar la inclinación de las mismas.

Gafsa

Los orígenes de Gafsa (oasis más septentrional del país) y, de acuerdo al descubrimiento de yacimientos, se remontan a la prehistoria. Sin embargo, la actual ciudad surgió en el siglo II de un núcleo númida y fue un importante municipio del Imperio Romano.

Destacan sus Piscinas Romanas, los únicos restos arqueológicos de aquella época compuestas por dos piscinas bañadas por aguas termales de 31 grados de temperatura, la Kasba, construida en 1434 sobre antiguas fortificaciones bizantinas y que acoge el Palacio de Justicia, Dar el Bey, la antigua residencia del gobernador y la Gran Mezquita, reproducción modesta de la de Kairouán, de la que sólo está permitida la visita del coro aunque también son interesantes el minarete desde el que se disfruta una excelente vista, las columnas romanas de la Sala de Oración y el Minbar de madera tallada.
   
En Gafsa se puede observar la fabricación artesanal de los gafsis, típicos tapices beréberes con motivos geométricos.

Lo mejor de la zona es su espléndido oasis, con 100.000 palmeras y otros árboles frutales como naranjos, albaricoqueros, limoneros, por el que se puede disfrutar de un relajante paseo mientras se degustan los excelentes pistachos que aquí se cultivan y que le han dado fama en todo Túnez.

Hammamet

Hammamet es conocida, sin duda, por ser el centro turístico más importante de Túnez, de hecho, su nombre procede de la palabra "hamman" que, en árabe, significa baño. Situado en el sur de la península de Cabo Bueno y en el Golfo de Hammamet, su clima benigno, sus magníficas playas de arenas blancas y aguas cristalinas, sus refrescantes jardines y sus complejos de hoteles con restaurantes, discotecas, bares, etc., y su cercanía a la capital, tan sólo 20 kilómetros la separan de ella, han hecho de esta ciudad uno de los sitios más atractivos del país y, posiblemente, de todo el norte de África. Hasta principios de este siglo Hammamet no era más que un pequeño pueblo de pescadores pero la llegada de la familia polaca Sebastián cambió su destino ya que construyeron un hermoso palacio e invitaron a intelectuales de las artes y las letras tan famosos como Klee, Gidé, Wilde, entre otros muchos, y las excelencias de esta villa se fueron conociendo en el mundo entero habiéndola visitado Flaubert, Wiston Churchill y Sophia Loren, por poner sólo tres ejemplos de mundos dispares.

Destaca, además, por su magnífica Medina del siglo XV que está rodeada de murallas adosadas al mar y cuyo máximo encanto es el laberinto de calles intrincadas que han sabido conservar el sabor de lo ancestral, sobre todo en los zocos que se esconden en su interior. También dentro de ella se encuentra la Gran Mezquita, también del siglo XV, que se halla delante de la Mezquita de Sidi Abd el Kador, con un hermoso minarete. La Mezquita de Sidi Abd el Kador, de menor tamaño, es, actualmente, una medersa para niños de 3 a 5 años. Un poco más abajo se puede visitar el Santuario de Sidi Abd el Kador.

También resulta muy interesante la Kasba, antiguo acuartelamiento fue reedificado en 1474 por orden de Hemida Bel Haj Fraj. Cuenta con pasadizos abovedados, torres cuadradas, el Mausoleo de Sidi Bou Alí, un interesante museo de trajes regionales  y una hermosa muralla desde la que se obtienen magníficas vistas del puerto de pescadores y de la blanca ciudad.

No se puede abandonar Hammamet sin visitar la Villa de Georges Sebastián, el benefactor de la ciudad, en cuyo interior se encuentra el Teatro, de estilo grecorromano, construido por el gobierno en 1964 y transformado posteriormente en Centro Cultural Internacionaly la Kubba de Sidi Yussef, del año 1706, con una biblioteca apasionante.      

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